08/03/2026
Hay algo que observo muchas veces en consulta.
Y desde que soy madre, también en mi propia casa.
Cómo los niños empiezan siendo libres para ser quienes son… y poco a poco van aprendiendo qué partes de sí mismos “encajan” y cuáles no.
Uno de mis hijos me pidió un muñeco bebé porque quería cuidarlo.
También quiso unas zapatillas con luces y muchos colores.
Y una Navidad le pidió que le pintara las uñas de colores.
Estaba feliz enseñándolas.
Hasta que en el colegio otros niños y niñas le dijeron que eso no era de chicos, que era de chicas.
Y ahí empezó algo mucho más difícil. Acompañarle para que no sienta que tiene que dejar de ser quien es para encajar.
Son momentos pequeños. Pero es ahí donde empiezan a aparecer los límites invisibles de lo que un niño o niña puede o no puede ser.
Cuando se aprende demasiado pronto que hay partes de una misma que “no encajan”, muchas veces también aprende a esconderlas. Y lo que aprendemos a esconder en la infancia suele aparecer más tarde en la vida adulta.
Antes de dedicarme a la consulta privada trabajé durante años en distintos recursos de salud mental y, en paralelo, en programas de educación para la igualdad con hombres condenados por delitos de violencia de género. Ahí entendí algo que muchas veces se pasa por alto: lo difícil que también puede ser para muchos hombres vivir dentro de lo que se espera que sea “un hombre”.
Hoy es 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer.
Como mujer he tenido que revisar muchas creencias sobre lo que “debería ser”. Y aun hoy, con años de terapia personal, formación y experiencia profesional, a veces me sorprendo detectando alguna.
Y cuando llega la maternidad, muchas veces esas exigencias parecen multiplicarse. Lo que como madre debes ser, lo que como profesional debes seguir siendo y lo que como mujer se espera que no dejes de ser.
Por eso para mí el 8 de marzo no solo habla de las mujeres. También habla del mundo emocional que estamos construyendo para nuestros niños y niñas.
Porque la igualdad no es solo una cuestión social.
También tiene mucho que ver con la salud mental de nuestros niños y niñas… y con el tipo de adultos en los que podrán convertirse.