04/02/2026
La prohibición del acceso a redes sociales a menores de 16 años intensifica un debate necesario.
Y conviene abordarlo desde un lugar claro: la salud mental infantil y adolescente.
La evidencia científica es cada vez más sólida... la exposición temprana y sostenida a redes sociales se asocia con:
– aumento de síntomas de ansiedad y depresión,
– dificultades en la regulación emocional,
– problemas de autoestima e identidad,
– alteraciones del sueño,
– mayor vulnerabilidad a la comparación social y al rechazo.
El cerebro en desarrollo no cuenta aún con la madurez neurológica necesaria para gestionar la sobreestimulación, la validación externa constante y la presión social que imponen estos entornos.
Este no debería ser un debate ideológico.
Es un debate de protección y prevención.
Ahora bien, ninguna medida institucional es suficiente si no va acompañada de implicación familiar.
La regulación externa —límites claros, coherentes y sostenidos—
es una necesidad evolutiva, no una opción educativa.
Acompañar implica a veces decir no.
Implica tolerar el malestar momentáneo.
Implica asumir el rol adulto.
Proteger no es controlar.
Proteger es cuidar cuando aún no pueden cuidarse solos.
La infancia y la adolescencia necesitan menos ruido…
y más adultos disponibles.