08/12/2025
¿Sabes qué inquieta realmente de ese espacio mínimo entre los dedos de Dios y Adán en la Sixtina?
No es lo que muchos repiten.
No es un truco religioso ni un mensaje místico barato.
Es una observación brutal sobre nosotros:
La distancia más difícil de cerrar siempre es la que depende de la voluntad humana.
Miguel Ángel no pinta a un Dios pasivo. Lo muestra estirado al límite, casi invadiendo el espacio humano. En cambio, Adán sostiene la mano con desgana, sin tensión, sin intención.
No porque no pueda alcanzarlo, sino porque ni siquiera está seguro de querer hacerlo.
Ese gesto mínimo —ese centímetro que falta— es el símbolo más honesto del libre albedrío:
no es la libertad de hacer lo que quieras, es la responsabilidad de decidir si vas a mover un solo músculo para cambiar tu vida, tu fe, tu rumbo o vas a quedarte esperando que todo te llegue sin esfuerzo.
La obra no habla de religión, habla de nosotros, de ese instante en el que puedes estirarte...
Y no, no lo haces.