24/03/2026
El otro día, tomando un café con una amiga a la que hacía tiempo que no veía, me preguntó:
“¿Qué tal va todo con el proyecto?”
Y antes de que pudiera contestar, añadió:
“Hace tiempo que estás un poco desaparecida de redes… te veo como más parada.”
Y me salió reírme, porque en realidad es justo al revés.
Le dije: “¿Sabes qué pasa? Que no he estado parada. He estado en la vida real.”
Menos pendiente de lo digital, sí.
Pero mucho más metida en lo que de verdad es importante para mí.
He estado trabajando, pensando, viendo gente, teniendo conversaciones que no se pueden resumir en un post.
Probando cosas, ajustando otras, dejando algunas por el camino.
Y, sobre todo, sembrando.
Sin hacer mucho ruido, pero haciendo.
Y ahora empiezo a notar algo distinto.
Como cuando todo lo que has ido moviendo por dentro empieza a encajar fuera.
Cada vez tengo más claro qué quiero hacer, con quién y de qué manera.
Y eso hace que todo se sienta más ligero… y también más ilusionante.
Queda muchísimo por hacer, pero tengo la sensación de estar construyendo algo que, poco a poco, empieza a tomar forma de verdad.
Y claro, desde fuera puede parecer que he estado más ausente.
Pero en realidad, nunca he estado tan en mi sitio.