13/01/2026
El estrés crónico no es solo un problema emocional. Es un estado biológico que altera de forma directa el metabolismo.
Cuando el cuerpo percibe amenaza constante —laboral, financiera, social o psicológica— activa de manera sostenida el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal. El resultado es una elevación crónica del cortisol basal, diseñada evolutivamente para la supervivencia, no para la salud metabólica moderna.
El aumento persistente de cortisol eleva la glucosa circulante y estimula la secreción de insulina. Este entorno hormonal favorece el almacenamiento de energía en forma de grasa, especialmente a nivel central y visceral, mientras bloquea la oxidación de grasa. Al mismo tiempo, el estrés crónico reduce la recuperación muscular y deteriora la sensibilidad a la insulina, incluso sin cambios importantes en la dieta.
Además, el cortisol interfiere con el sueño profundo, lo que perpetúa el ciclo: dormir peor aumenta el estrés, el estrés empeora el control metabólico y el metabolismo alterado incrementa la fatiga. Este bucle explica por qué muchas personas “hacen todo bien” y aun así no logran perder grasa ni mejorar su salud.
Desde una perspectiva clínica, un cuerpo en modo supervivencia prioriza conservar energía, no quemarla. No está diseñado para optimizar composición corporal ni inflamación, sino para resistir una amenaza percibida como constante.
Por eso, el manejo del estrés no es un consejo de bienestar, es una intervención metabólica real. Sin regular el estrés crónico, cualquier estrategia nutricional o de ejercicio tendrá resultados limitados. No es falta de disciplina. Es biología adaptativa sostenida en el tiempo.
Referencia:
- McEwen BS. Protective and damaging effects of stress mediators. New England Journal of Medicine. 1998;338:171-179.