11/03/2026
¡La gran paradoja! ¡Una soberbia contradicción! Queremos conocerlo todo y no hacemos nada por conocer al que quiere conocerlo todo. El resultado evidente es que convivimos con un desconocido a lo lago de un buen número de años, teniendo que soportar contradicciones, ambivalencias, carencias emocionales y frustraciones que podríamos evitar y que son el resultado de nuestra mente caótica y que tiene un raro don para agregar sufrimiento al sufrimiento y complicar las complicaciones en lugar de sabiamente tratar de resolverla. Se nos ha repetido hasta la saciedad aquello de “conócete a ti mismo”, como si con escuchar estos ya fuera suficiente. Pero la manera de conocerse a si mismo para ir iluminando las propias sombras, requiere una adecuada metodología que ya conocían sabios de la antigüedad y que podríamos considerar los primeros grandes expertos en la psicología de las profundidades y, por supuesto, de la autorrealización. Conocerse requiere una rigurosa disciplina, cuyo primer paso es querer verse como uno es y no de acuerdo a autoengaños, escapismos, pretextos o viejos patrones. Es mucho más complicado de lo que parece y requiere intrepidez, honestidad y no dejarse atrapar por juicios o prejuicios. Sobre todo hay que dejar de mentirse a uno mismo y evitar paños calientes y amortiguadores. Si uno se observa, por doloroso que a veces resulte irá obteniendo transformativa información sobre sí mismo en cualquier lugar y circunstancia, pudiendo ir saliendo de esa enrarecida y esclavizante atmósfera que ha creados de embustes y subterfugios. Despojándonos de las capas, podremos aproximarnos a nuestro núcleo, desplazándonos así de lo aparente a lo real e infundiendo a nuestra vida de un sentido y un propósito. No se trata de vernos como nos han dicho que somos o debemos ser, sino de cómo realmente somos más allá de nuestros transitorios rasgos de carácter y nuestra falsa personalidad. Nos ayudará en nuestro progreso interior el combinar la práctica asidua de la meditación con la autoobservación en nuestra vida cotidiana. Ese es un trabajo que nadie puede hacer por nosotros. Nos esperan muchas sorpresas.