20/01/2026
De repente, incluso sin hojearlo, un libro te puede enamorar y te despierta una irresistible deseo de querer tenerlo contigo, leerlo y releerlo, depositarlo en la mesilla de noche, intuyendo que puede ser un consejero e incluso un mentor, y que en cualquier caso puede orientarnos, confortarnos y convertirse en un amigo. Al ver ese libro, ya antes de abrirlo, a veces solo por el título, un destello de intuición te permite saber la importancia que puede tomar en nuestra existencia. Mi vida ha sido una búsqueda que dio comienzo a muy corta edad, con la certeza de que había un conocimiento de orden superior y liberador que uno podía perseguir. Mi vida se convirtió en una indagación exhaustiva, en una aventura del Origen, a la par prometedora y perturbadora, con alientos y desalientos, afrontando los grandes interrogantes existenciales. Y en los momentos de zozobra nada como poder contar con un amigo de Búsqueda, y además esos amigos de carne y hueso, contamos con otros que siempre están ahí: esos libros que se tornan un consuelo e iluminadores aliados que nos ayudan a navegar por le océano de la Sabiduría, pudiendo mediante ellos encontrar no solo ideas, sino intuiciones profundas y mucho más valiosas que las del puro pensamiento racional. Determinados libros se han tornado de por vida mis grandes compañeros y mentores, y por esta razón agrupé y examiné en una obra los que a mi más me han ayudado y que en ocasiones he leído medio centenar de veces si no más; libros como el Tao Teh King, los Upanishads, el Dhammapada, los Evangelios, el Viveka Chudamani, el Yoga Vashistha, La Nube del No Saber, el Mathnawi, La Filocalia, los poemas de Kabir, las Moradas, Los Ojos del Hermano Eterno, El Hindú, la Peregrinación a la Fuentes, la Vida en la Vida y tantísimos otros, que se han convertido en lámparas y han intensificado la voz de la llamada interior hacia lo Inefable. Yo no sería lo mismo sin esos libros ni creo que sin ellos hubiera contado con el ánimo firme para perseguir ese conocimiento que está más allá del conocimiento habitual y ordinario. Agradecido, besaría los pies de cada uno de los autores de tales obras.