03/06/2026
Cuando llega el calor, muchas personas dejan de apetecerles los platos contundentes y buscan frutas, ensaladas, gazpachos o bebidas frías.
¿Es solo una sensación o nuestro organismo realmente lo necesita? La respuesta es que existe una explicación fisiológica.
Cuando hace calor, nuestro cuerpo pone en marcha distintos mecanismos para mantener una temperatura estable cercana a los 37°C.
Para conseguirlo: 1/ Aumentamos la sudoración; 2/ Se dilatan los vasos sanguíneos; 3/ Consumimos energía para disipar calor. Todo ello incrementa nuestra necesidad de hidratación y modifica el apetito.
Diversos estudios demuestran que las temperaturas elevadas suelen asociarse con una reducción espontánea de la ingesta calórica y una preferencia por alimentos con alto contenido en agua.
Por eso, en verano solemos tomar sandía, melón, pepino, tomate, ensaladas, gazpacho y frutas frescas. Estos alimentos aportan agua, vitaminas, minerales y menor densidad energética. Y ayudan a compensar parte de las pérdidas producidas por el calor.
Sin embargo, nuestro cuerpo no necesita obligatoriamente alimentos fríos para funcionar correctamente. Lo que realmente necesita es:
-Mantenerse hidratado
-Reponer líquidos
-Consumir una alimentación equilibrada
-Evitar excesos de alcohol y bebidas azucaradas
En países con climas muy cálidos se consumen habitualmente infusiones calientes para favorecer la sudoración y eliminar el calor.
"Lo importante no es que los alimentos estén fríos, sino que nos ayuden a mantener una adecuada hidratación y nos aporten nutrientes de calidad. El verano es una excelente oportunidad para aumentar el consumo de frutas, verduras y bebidas frescas y saludables", explica la doctora Cristina Bouza, especializada en Medicina de Familia, Nutrición y Obesidad.
En verano, hidratarse bien y elegir alimentos frescos puede ayudar a sentirse mejor, prevenir golpes de calor y cuidar la salud cardiovascular y metabólica.