09/05/2026
"ANECDOTARIO DE LA CIRUGÍA" DUDAS Y CERTEZAS
Con los años en quirófano he terminado entendiendo que la medicina no es esa ciencia exacta que muchos imaginan desde fuera. Cuando empecé, yo también pensaba que casi todo dependía de los libros, de los protocolos y de la evidencia científica. Luego descubrí que detrás de cada decisión médica hay mucho más: creencias, presión social, intereses económicos, políticas sanitarias e incluso el miedo que todos tenemos a la enfermedad y a la muerte.
Recuerdo que, al principio de mi carrera, me desesperaba ver que la ciencia avanzaba mucho más despacio de lo que la gente esperaba. Desde fuera todo parece inmediato: sale una nueva técnica, un nuevo fármaco, una nueva promesa… y ya parece que tenemos la solución definitiva. Pero dentro de la medicina las cosas no funcionan así. Aprendí pronto que la prudencia salva más vidas que el entusiasmo precipitado. En cirugía, un error por exceso de confianza puede perseguirte durante años.
Muchas veces, antes de entrar a quirófano, uno cree tenerlo todo bajo control. Las pruebas están ahí, los diagnósticos parecen claros y las guías médicas dicen lo que hay que hacer. Pero luego empieza la intervención y aparece esa parte de la medicina que nadie explica demasiado: la intuición, la experiencia y las decisiones tomadas en segundos. He visto cirujanos cambiar de plan sobre la marcha porque algo no encajaba del todo, y he comprendido que la medicina real está llena de incertidumbres, aunque nos empeñemos en disimularlo.
Con el tiempo también he entendido que la medicina no puede separarse del mundo que la rodea. Hospitales, industrias, gestores, sociedades científicas, pacientes… todos terminan influyendo de una manera u otra. Y quizá por eso siempre me ha parecido ingenuo pensar que la medicina funciona como una máquina perfecta. Al final trabajamos con personas, y la realidad humana nunca ha sido simple.