21/03/2020
¿No os resulta paradójico que para conectar con la vida, tengamos que ver la muerte más de cerca?
Lo que está ocurriendo ahora nos hace tener una oportunidad única para aprender a valorar lo que ahora ya me cuesta llamar "pequeñas cosas":
Un gesto, el fresquito del amanecer, una mirada amable, la autocaricia de un gato en mi pierna, estrechar las manos, una sonrisa, los colores del atardecer, el olor a primavera, una actitud conciliadora, el sonido de la lluvia, las notas musicales de lejos con una canción reconocible, el saludo alegre de un perro... (Aquí podría estar horas... os invito a que cada uno haga su lista)
¿No os resulta paradójico que para sentir el amor de los demás nos tengamos que quedar todos aislados en nuestras casas?
Me acuerdo de un cuento sobre el amor que habla sobre "Cálidos Peluches". En el cuento, los "Cálidos Peluches" son caricias que sanan a los demás, si no las tienes puedes enfermar y morir, y al nacer tenemos para dar de forma ilimitada. En el cuento los protagonistas poco a poco al crecer, van aprendiendo a no dar estos "Cálidos Peluches" a cualquiera, por miedo a que se acaben.
Esto es lo que nos ha ocurrido con el amor. Vivimos en la escasez de muestras de afecto, de cercanía, de humanidad. Sin embargo, ahora es como si nos estuvieran poniendo las condiciones necesarias, oportunas, (eso sí, de forma obligada) para que haya esta escasez, o mejor dicho, ésta se haga más evidente.
Y por otro lado, quedándonos en casa, esta vez estamos dando esos "Cálidos Peluches" de la única manera que ahora tenemos. De ahí la paradoja.
Parece que sólo así todos/as vamos a poder conectar con la otra parte de la polaridad, solo con la escasez de mimos, podemos llegar de verdad al AMOR.