25/11/2025
La raíz de todos nuestros males reside en los engaños. Los engaños son las percepciones distorsionadas que mantenemos de nosotros mismos, las que proyectamos sobre los demás y acerca del mundo que nos envuelve. En este sentido, somos como un espejo defectuoso que no refleja la realidad con nitidez. La confusión y el apego constituyen las bases sobre las que se asientan otros muchos engaños, como los celos, la envidia, la codicia, la desconfianza, etcétera. Por ejemplo, en un estado mental de nerviosismo, cansancio o preocupación, cualquier pequeña contrariedad nos parece desproporcionada y la convertimos en argumento de nuestra mala suerte, mala racha, o bien la justificamos, diciendo que son los planetas mal alineados y que además todo actúa en nuestra contra. El victimismo es un recurso del ego para defenderse en su ilusión. Así pues, siempre encontramos justificaciones al discurso. Sin embargo, cuando nos hallamos en calma, todo se relativiza y nuestras palabras, acciones y pensamientos siempre fluyen a través de la claridad mental y la mantienen.
Dentro Mesa
¡¡Nos vemos en la esterilla!!
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