Osvaldo González Psicólogo

Osvaldo González Psicólogo Terapeuta. Ayudo a personas a dejar de sufrir en sus relaciones y a crecer personalmente. Madrid – Chamberí. Atención Presencial y Online · Agendate👇

03/02/2026

Las feministas lo vienen diciendo hace años "La violencia masculina no es una falta de control. Es un lenguaje. Es una forma de decir: 'Esto es mío y hago con ello lo que quiero" (Virginie Despentes) La violencia que sufren por parte de nosotros los hombres no son casos aislados, no son hombres con problemas psicológicos, es un sistema con el que los hombres las violentamos y oprimimos. Un sistema que los hombres hemos construido y sostenemos, porque nos da privilegios e impunidad.

Es hora de que los hombres nos hagamos cargo de una vez por todas. Es hora de nombrar las cosas por su nombre: no es "pérdida de control", es ejercicio de poder. No es "un mal día", es una elección deliberada de violentar a quien consideramos jerárquicamente inferior. Nombrarlo este sistema violento, es la única manera que tenemos de parar realmente esta violencia.

Quienes psicologizan o reducen la violencia que sufren las mujeres a casos individuales o de hombres trastornados, no están interesados en realidad en que esta violencia se acabe. Al contrario, al etiquetar nuestra crueldad como un "trastorno", o como casos individuales, lo que hacen es que este sistema violento siga impune, y que los hombres podamos seguir violentando a las mujeres, escudándonos en etiquetas como el “narcisismo” que tanto está de moda.

Es una industria del parche. Muchos colegas ganan dinero con mujeres destrozadas que buscan recomponerse en terapia, después de que nosotros los hombres las destruimos sistemáticamente en la intimidad. Mientras el foco siga en "curar" a la víctima y no en detener al victimario, el sistema sigue alimentándose. Los hombres sabemos que hacemos daño y que dañando obtenemos poder y privilegios.

Sostener este libro (Esto no existe de Soto Ivars) mientras digo esto no es una contradicción, es una denuncia. Porque lo que "no existe" para muchos es nuestra capacidad de admitir que el amor, bajo nuestras reglas, se ha convertido en un campo de concentración emocional para ellas. Hacernos responsables del daño que hacemos, es el primer paso para parar esta masacre emocional. Yo, como hombre lo estoy intentando, ¿Tú vas a seguir buscando excusas para no revisar y trabajar tus violencias?

Basta de mentiras¿Él sabe que me está haciendo daño?Es la pregunta que flota en el aire de cada consulta, en cada mensaj...
01/02/2026

Basta de mentiras
¿Él sabe que me está haciendo daño?
Es la pregunta que flota en el aire de cada consulta, en cada mensaje privado y en cada café entre amigas. Y la respuesta, aunque nos duela admitirla frente al espejo, es un SÍ rotundo.

Nosotros los hombres lo sabemos.
Sabemos cuándo un comentario va con veneno, cuándo nuestro silencio es un castigo diseñado para quebrarlas y cuándo nuestra indiferencia las está agotando hasta el hueso. No somos víctimas de una "incapacidad emocional" ni de un trastorno que nos nubla el juicio. Somos administradores de nuestra propia conveniencia.

La realidad es cruda: dañamos porque queremos y porque podemos. Porque el machismo nos regaló el privilegio de ser profundamente egoístas, de poner nuestro deseo y nuestra comodidad por encima de la integridad de la mujer que decimos amar.
No es falta de control: Con el jefe o con el extraño que puede devolver el golpe, sabemos controlarnos perfectamente.
No es confusión: Leemos sus lágrimas y su agotamiento con total claridad; simplemente decidimos que nuestro beneficio vale más que su dolor.
No es un error: Es una elección consciente que tomamos cada vez que elegimos el silencio, el engaño o la carga mental ajena para salvaguardar nuestra tarde libre.

Ya basta de escondernos tras el papel de "buenos tipos que se equivocan". El daño que causamos es un mapa trazado con intención. La pregunta ya no es si eres consciente, porque ya aceptamos que lo somos.

La pregunta que queda para ti, para nosotros, es: Ahora que admites que lo sabes, ¿vas a tener la decencia de parar?

30/01/2026

¿Tu mayor logro es no ser un maltratador? Qué nivel tan bajo. 👏

Es patético ver cuántos hombres caminan por la vida con el pecho inflado porque "no le pegan a su mujer". Increíble. Hemos puesto la vara tan baja que ahora el estándar de excelencia es simplemente no ser una basura de ser humano.

Déjame bajarte de tu nube: No gritarle, no insultarla y no levantarle la mano no te hace un "buen hombre". Eso solo te hace un ciudadano promedio que cumple con el estándar mínimo de civilización. Si tu gran argumento para decir que amas a tu pareja es que "al menos no la maltratas", tu relación ya está mu**ta, solo que todavía no te han avisado.

El descuido es violencia silenciosa. Creer que con "estar ahí" sin dar problemas es suficiente, es la forma más cobarde de amar. El amor no es un estado pasivo; es una acción de cuidado constante. Si no estás presente, si no proteges su bienestar emocional, si te da pereza conectar, la estás destruyendo igual. La diferencia es que no dejas marcas en la piel, pero le dejas el alma llena de huecos.

Deja de pedir aplausos por hacer lo mínimo indispensable. El amor no es la ausencia de guerra, es la construcción activa de un refugio. Si no cuidas, no amas. Punto.

🎙️ Escucha el episodio completo:
"El amor es una mi**da" Podcast: Sanar, crecer, amar. Psicología para nómadas.

¿Conoces a alguien que necesite este "baño de realidad"? 🚀 Comparte este video en tus historias o envíaselo a ese amigo que cree que con "portarse bien" ya cumplió su cuota.

Prometer que vamos a cambiar solo para seguir manipulando y usándola, así de mi**da somos.Se acabó el teatro. Lo que lla...
28/01/2026

Prometer que vamos a cambiar solo para seguir manipulando y usándola, así de mi**da somos.

Se acabó el teatro. Lo que llamamos "amor" o "intentar salvar la relación" es, en muchos casos, un simple ejercicio de propiedad privada. No nos engañemos: no nos duele que ella sufra, nos duele la posibilidad de perder el control sobre alguien que nos sirve, nos valida y nos aguanta la basura emocional.

Hemos perfeccionado el arte de prometer para no tener que cambiar. Usamos el "te juro que esta vez sí" como un extintor de incendios: solo para apagar el fuego de su dignidad cuando está por irse, para después volver a sumergirla en la misma miseria de siempre.

Ella no es una compañera; la hemos convertido en un objeto de consumo. Un electrodoméstico emocional que debe estar ahí, roto pero disponible. Somos conscientes de que la estamos consumiendo viva, de que le estamos robando la luz y los años, y aun así, somos tan idiotamente egoístas que preferimos verla marchitarse a nuestro lado que verla libre y feliz lejos de nosotros.

Ser un hombre no es dominar; eso es ser un parásito.
Si todavía te queda un gramo de decencia, una chispa de esa dignidad que dices tener, deja de sabotearle la salida. Tu mayor acto de hombría hoy no es pedir otra oportunidad, es abrir la puerta de la jaula que tú mismo construiste.

Ten los pantalones de soltar lo que ya destruiste. Hagámonos cargo de una p**a vez.

Y antes que lo digan, no estoy hablando de hombres narcisistas, estoy hablando de hombres comunes, como yo, como tú, como todos los que hemos nacido y hemos sido criados en el estiércol hediondo, misógino y violento, de la cultura machista que nosotros mismos construimos.

26/01/2026

¿Eres un compañero o un parásito emocional? 👇

El guion de muchas relaciones hoy se escribe con silencio y cansancio. Mientras tú crees que "todo está bien" porque no hay gritos, ella se está hundiendo bajo una losa que no le corresponde cargar sola.

Como advierte la experta Laura Sagnier en sus estudios sobre la desigualdad en el hogar, la falta de corresponsabilidad no es un "problemilla doméstico", es un veneno para la salud de la mujer. Sagnier destaca que cuando el hombre no asume su parte, ella entra en un estado de alerta permanente, lo que deriva en el cuadro que menciono: ansiedad, insomnio y una tristeza profunda que termina por destruir el vínc**o.

Hablemos claro:
• Llamarla "loca" o "exagerada" cuando se desploma es la salida fácil para no aceptar que tú la dejaste sola.
• No se trata de "ayudar", se trata de que la responsabilidad es 50/50 por defecto. Si ella tiene que gestionar tu parte, sigue cargando de más.
• La "sorpresa" que sientes cuando ella dice "no puedo más" es, en realidad, el resultado de tu propia comodidad y negligencia.

Muchos hombres están matando sus relaciones por el simple hecho de no querer soltar sus privilegios en casa. El amor de verdad no se ve en una foto de Instagram; se ve en quién sostiene el peso cuando las luces se apagan.

Como dice Sagnier, la brecha de género en el hogar es el cáncer de la pareja moderna. El amor que no se traduce en alivio real para el otro, no es amor; es uso y costumbre.

¿Cuánto tiempo más vas a mirar hacia otro lado mientras la mujer que dices amar se destruye frente a ti?

Compartí este video, para que juntos y juntas ayudemos a construir relaciones de pareja más equitativas

Durante muchos años viví convencido de que sabía amar, hasta que la realidad,  me golpeó la cara: los hombres venimos fa...
25/01/2026

Durante muchos años viví convencido de que sabía amar, hasta que la realidad, me golpeó la cara: los hombres venimos fallados de fábrica; tal como estamos hechos en la actualidad, somos incapaces de amar bien, de amar sanamente.

Somos una mezcla hedionda de egoísmo, insensibilidad y misoginia, sostenida por una estructura que nosotros mismos hemos creado. En este sistema, las mujeres no tienen lugar para ser amadas, sino solamente para ser usadas.

Por eso, si los hombres queremos amar —amar de verdad— solo nos queda un camino: matar sin piedad ni remordimientos al hombre que somos hoy. No hay otra manera.

Nuestro corazón con espinas, que solo sabe recibir o herir, no puede ser reformado. No se pueden arrancar sus espinas una a una para que hiera menos. Tiene que ser totalmente destruido para que otro corazón, de carne y sin espinas, pueda brotar en su lugar y así intentar, al menos, abrirnos a amar.

Matar a este hombre, hediondo de egoísmo y misoginia, que somos, no es un acto de una vez. Es una tarea ética de todos los días. Hasta el último segundo de nuestra existencia, habrá en nosotros resquicios de este hombre que debemos asesinar sin piedad.

Para iniciar esta tarea hay un paso simple: solo tenemos que preguntarnos: “¿Qué actos, palabras u omisiones que realicé hoy están dañando a alguna mujer o están contribuyendo a dañar, o a que el daño que una mujer sufre por otros hombres quede impune?”. ¿Te animas a hacerte esa pregunta y luego hacer algo al respecto?

¿Estás dispuesto a morir o vas a seguir siendo el cobarde de siempre?

23/01/2026

A los hombres nos enseñaron a amar con el corazón lleno de espinas.
Desde pequeños se nos dijo que sentir era debilidad, que pedir era ridíc**o y que cuidar era cosa de mujeres.

El resultado es este: hombres que solo saben recibir o herir, hombres con un corazón profundamente egoísta y lleno de espinas.

El machismo no solo nos hizo emocionalmente torpes; nos hizo profundamente egoístas en el amor. Creemos que amar es que nos atiendan, nos esperen, nos comprendan y nos sostengan… pero no aprendemos a dar nada de eso a cambio.

Por eso tantas mujeres terminan amando solas.
Poniendo el cuerpo, el tiempo, la paciencia y la ilusión, mientras nosotros nos quedamos instalados en la comodidad de ser cuidados sin cuidar.

Cuando ellas piden algo tan básico como reciprocidad o presencia, los hombres lo interpretamos como exigencia o drama. No porque falte amor, sino porque falta alfabetización afectiva.

Un corazón lleno de espinas no sabe amar: solo recibe o lastima.
Y quedarse abrazándolo, esperando que un día cambie… duele.

Si eres mujer y esto te toca, no estás exagerando.
Si eres hombre y te reconoces en esto, no es el fin: es el principio de hacerse cargo.

Es urgente que los hombres nos hagamos cargo del daño que hacemos en nombre del amor. Porque hasta el día de hoy, hemos convertido al amor, en un campo de concentración emocional, donde destruimos las vidas de las mujeres que decimos amar.

Una palabra que he escuchado mucho últimamente es “migajera”. Se habla de mujeres que se conforman con poco, que aceptan...
21/01/2026

Una palabra que he escuchado mucho últimamente es “migajera”. Se habla de mujeres que se conforman con poco, que aceptan sobras afectivas. Pero de lo que casi no se habla es de quién las vuelve así. Porque detrás de cada mujer que recibe migajas hay un hombre que solo sabe darlas. Los hombres somos los reyes de las migajas. No importa cuánto nos amen o cuánto nos cuiden, damos lo mínimo indispensable. Y encima queremos aplausos. O peor: nos ofendemos cuando nos piden lo básico.

No damos poco porque no tengamos más para dar, sino porque somos tacaños emocionales. Nos sentamos en la comodidad del “yo soy así”, viendo cómo ellas ponen el cuerpo y el corazón para sostener un vínc**o que nosotros dejamos caer. Vendemos la ilusión de una pareja, pero entregamos la realidad de una ausencia. Estamos ahí físicamente, pero afectivamente somos humo.

Y si ella se atreve a pedir algo más —escucha, ternura, presencia, cuidado— la tratamos como una pesada. “Intensa”, “dramática”, “siempre reclamando”. Como si una compañera afectiva fuera una empleada emocional que debería ser invisible hasta que la necesitemos.

Lo más retorcido es que nos creemos “buenos tipos”. Nos justificamos diciendo: “Yo no engaño”, “Yo no pego”, “Yo no soy un monstruo”. Hermano: que no seas un delincuente no te convierte en un buen hombre. La indiferencia también es violencia. El silencio también desgasta. La frialdad también rompe. Hay mujeres que terminaron hechas polvo sin que nadie les levantara la mano, simplemente porque el hombre que tenían al lado las dejó morir de hambre emocional.

En el fondo, lo que hay es cobardía. Nos da pánico la vulnerabilidad, así que la evitamos disfrazándola de fortaleza. Por eso usamos a las mujeres como estaciones de servicio emocional: vamos cuando necesitamos descargar nuestro ego, limpiar culpa o sentirnos queridos, y después nos vamos sin mirar atrás.

Caminamos por la vida con una corona de cartón. Nos sentimos reyes solo porque alguien nos amó más de lo que merecíamos. Pero el día que ella se canse —y se va a cansar— te vas a quedar solo con tu coronita y con la certeza de que no eras un rey: eras un mendigo con suerte.

La pregunta es simple: ¿Te animás a dejar la corona o vas a seguir reinando en la miseria?

Cuando una tragedia irrumpe, algo se quiebra en lo íntimo y en lo colectivo.No es solo el accidente en Adamuz: es el mie...
19/01/2026

Cuando una tragedia irrumpe, algo se quiebra en lo íntimo y en lo colectivo.

No es solo el accidente en Adamuz: es el miedo, la espera, la impotencia y el desamparo que quedan flotando en el aire.

En momentos así, el cuidado y la solidaridad no son un gesto moral: son la única forma de seguir

Los hombres tenemos que parar de mirarnos el ombligo si queremos estar en una relación. Punto.No podemos seguir jugando ...
17/01/2026

Los hombres tenemos que parar de mirarnos el ombligo si queremos estar en una relación. Punto.

No podemos seguir jugando a ser las víctimas de las mujeres que están con nosotros. La mayoría de los problemas de pareja no vienen porque ellas “dramatizan”: vienen porque nosotros somos incapaces de sostener una conversación emocional sin sentirnos atacados. Eso se llama inmadurez, no masculinidad.

Cuando nuestra pareja nos reclama algo legítimo, casi siempre reaccionamos igual: nos ofendemos, nos ponemos a la defensiva o la ridiculizamos. Le llamamos “intensa”, “histérica”, “tóxica” o “loca” para no tener que hacernos cargo. Es un mecanismo cobarde para no mover el c**o: si la invalidamos, no tenemos que cambiar nada. Y encima queremos que nos aplaudan por “ser pacientes”.

El problema no es el conflicto, el problema es nuestra pereza emocional. Somos cómodos. Nos molesta todo lo que implique mirar hacia adentro. Preferimos una relación donde ellas callan y tragan, antes que una en la que nosotros tengamos que crecer.

Y acá está la parte incómoda: ninguna mujer quiere ser la madre emocional de su pareja. No están buscando un hijo que criar, ni un mueble decorativo que solo está “bien” si nadie lo toca. Están buscando un compañero. Un adulto capaz de escuchar sin ponerse en modo víctima cada vez que alguien le señala la realidad.

Entonces dejemos de hacernos los sorprendidos cuando una mujer se apaga, explota o se va. No se marchan porque “les encanta el drama”, se marchan porque están hartas de estar en una relación donde son ellas las únicas adultas.

La pregunta es simple: ¿vas a hacerte cargo o vas a seguir escondiéndote detrás del “yo soy así”? Si no estás a la altura, si te queda gigante la idea de cuidar emocionalmente a alguien, si su dolor te parece una molestia, al menos ten la decencia de apartarte. Quédate solo con tu ego. No arruines la vida de una mujer que no vino a educarte.
Si decides quedarte, entonces te toca trabajar. Te toca callarte, dejar de justificarte y aprender a escuchar para entender, no para responder.

Y por cierto: no hablen tan fuerte en el metro de Madrid, que puede haber un psicólogo escuchando.

16/01/2026

La terapia no termina en la sesión

Terminan los 50 minutos de sesión, pero el proceso sigue en la semana: en la casa, en la calle, en el trabajo, en los vínc**os, en la vida concreta de cada persona que acompaño.

Desde mi teoría terapéutica creé esto para acompañar eso que pasa fuera del consultorio. Para que las personas que acompaño tengan algo concreto con lo que puedan seguir trabajando eso que vimos, pensamos y sentimos en la sesión, en su día a día.

Ahora te hago esta pregunta

¿Qué creés que es?
¿Para qué creés que sirve?

La misma mi**da de siempreMe hierve la sangre. No es solo por Julio Iglesias, es porque ya me sé este ma***to guion de m...
15/01/2026

La misma mi**da de siempre

Me hierve la sangre. No es solo por Julio Iglesias, es porque ya me sé este ma***to guion de memoria. Es la historia repetida de cada vez que una mujer tiene los ovarios de señalar a un "Dios" intocable.

En el momento en que ellas hablaron, la maquinaria se encendió. No para buscar la verdad, sino para hacerlas pedazos a ellas.

¿Lo ven? Es automático. Salen los amigos del palco a decir que "es un caballero" (porque claro, a ellos no los violaba). Salen los fanáticos a decir que "solo quieren dinero" (porque la dignidad de una mujer pobre les importa una mi**da). Salen los cobardes a preguntar "¿por qué no se fueron?" (desde la comodidad de su p**o sofá, sin saber lo que es el terror).

Es una sociedad podrida. Nos hacemos los progresistas, pero cuando una mujer señala a un hombre poderoso, nos convertimos en una jauría. Preferimos defender al millonario y escupir sobre la víctima antes que aceptar que este hombre, devenido en dios español, es un criminal.

Esto no es defensa legal, es un pacto patriarcal. Es el miedo de los hombres poderosos (y de los aspirantes a serlo) a que se termine nuestra impunidad. Si Julio cae, nuestro mundo de impunidad se derrumba. Pues que se caiga. Que se vaya todo a la mi**da.
Basta de proteger la rep**ación de hombres millonarios y poderosos por encima de los cuerpos de las mujeres.

Lean la publicación y compártanla. Y si les arde, es porque son parte del ma***to problema.

🔥 El altar debe arder.

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