18/12/2025
Hay momentos en la vida —especialmente cuando convives con una enfermedad, el cansancio emocional o el dolor silencioso— en los que lo cotidiano deja de brillar.
Las cosas que antes te llenaban ahora se sienten lejanas, apagadas, como si hubieran perdido color. Lo que solía hacerte sonreír ya no provoca nada. Y eso duele más de lo que la gente imagina.
La verdad es que recuperar el placer en las cosas cotidianas no es un interruptor que se enciende de un día para otro. Es un proceso lento, suave, a veces confuso. Y no, no tienes por qué saber cómo hacerlo.
Pero aunque hoy te cueste sentir, aunque estés envuelto/a en esa especie de niebla emocional, recuerda esto:
Tu capacidad de disfrutar no desapareció; solo está dormida.
Y como todo lo que duerme, puede despertar con tiempo, paciencia y mucha compasión hacia ti mismo/a.
Quizá no puedas volver a lo que eras antes, y está bien. La vida cambia, tú cambias, y tu forma de sentir también. Pero eso no significa que no puedas encontrar nuevas razones, nuevos momentos, nuevos instantes que un día —casi sin darte cuenta— te hagan decir: “Aquí está, volvió.”
A veces, el primer paso no es hacer, sino permitirte existir sin exigirte sentir. A veces, recuperar el placer empieza con algo tan sencillo como respirar profundo, mirar el cielo, dejar que el sol toque tu piel, escuchar un silencio amable o aceptar ayuda sin culpa.
No te fuerces. No te castigues. No te compares.
Aunque hoy todo parezca plano, aunque los días pasen como si fueran exactamente iguales, no renuncies a la posibilidad de volver a sentir. No porque debas, sino porque lo mereces.
Un día, en medio de la rutina, algo pequeño te va a rozar el alma: una risa, un aroma, una canción, una voz, una mirada. Y ahí estará el primer brillo. No será como antes; será distinto, pero será tuyo.
Y eso bastará para empezar de nuevo, sin prisa, a tu manera.
No estás roto/a.
Estás en proceso.
Y tu capacidad de sentir volverá, paso a paso, cuando tú estés listo/a. 💛✨