15/12/2025
💥 Nos enseñan que debemos cumplir el rol de “mujer samaritana y virtuosa”: paciencia infinita, complacer, dar, entregar sin límites, no molestar, no incomodar...
Si algo te indigna, tienes “mal carácter”. Si levantas la voz, “dramática y loca”. Y si marcas un límite, “intensa y poco femenina”.
Nos han enseñado sistemáticamente a no enfadarnos para "no ser una mala mujer". Nos educaron de generación en generación para sentir culpa y vergüenza, así como silenciar las injusticias hacia nosotras (o no identificarlas).
No somos “así” por ser mujeres, sino que cada vez que mostramos rabia o indignación, el contexto lo castiga: malas caras, sermones, rechazo. Así aprendemos que callar “mantiene la paz”: paz para los demás.
😠 Pero el enfado es una emoción más, como cualquier otra, que nos avisa cuando algo vulnera nuestros límites o nuestra dignidad, bienestar y derechos se ven comprometidos. Es la emoción que nos permite pasar a la acción para defender nuestro espacio.
Llevamos siglos escuchando que una mujer enfadada es peligrosa… porque deja de ser útil, obediente y complaciente. Y eso, para ciertos sistemas y contextos, es incómodo e imperdonable.
✨️ Reapropiarnos del enfado significa dejar de pedir permiso para existir y poder ocupar espacios. Permite reconocer que si algo duele o indigna, no eres “intensa” ni "loca": estás recibiendo información valiosa sobre cómo tu contexto te trata. Y actuar desde ahí no es agresión, es autocuidado y respeto hacia una misma.
🌱 La rabia nos devuelve agencia, dignidad y criterio propio. Atrevernos a decir “esto no me parece justo / esto no lo quiero” sin justificarnos, ya es un acto de desobediencia histórica y respeto hacia nosotras mismas.
Escuchar tu enfado no nos convierte en "peores mujeres". Es, curiosamente, lo que más molesta, pero también lo que nos hace más libres.
📞 Llámanos o escríbenos por WhatsApp al: +34 640 949 625
💌 Nuestro mail: info@itacopsicologos.es
🌐Nuestra web: www.itacopsicologos.es