Ismael Dorado Psicólogo

Ismael Dorado Psicólogo Tu "Centro de Equilibrio Personal". Reconocido prestigio infinidad de cursos, programas de radio y televisión.

Centro de Psicología clínica, sanitaria, forense y formación es una página personal del Psicólogo Ismael Dorado con la intención de divulgar la psicología como forma de vida así como la de dar a conocer diversas actividades benéficas, cursos, conferencias y eventos. De igual forma procuro divulgar temáticas relacionadas con la Criminología y la actividad física, Meditación y el Bienestar
La palabra "Centro" hace lugar a un lugar mental y no a un lugar geográfico.

Por desgracia, en demasiadas ocasiones las promesas se convierten en una prolongación de la mentira que nos lleva direct...
20/01/2026

Por desgracia, en demasiadas ocasiones las promesas se convierten en una prolongación de la mentira que nos lleva directo a la decepción.
No porque prometer sea en sí algo negativo, sino porque hemos aprendido a usar la palabra como anestesia para calmar, para ganar tiempo, para evitar conflictos o para quedar bien. Prometemos cuando no estamos dispuestos a sostener lo que decimos con hechos, y ahí empieza el problema.
Una promesa vacía no solo rompe la confianza con la otra persona, también desgasta nuestra propia credibilidad interna, pues cada vez que decimos “ya cambiaré”, “mañana lo hago” o “esta vez sí”, sin intención real de actuar, vamos entrenándonos en la incoherencia. Y la incoherencia, aunque al principio parezca cómoda, termina pasando factura en forma de frustración, enfado y distancia emocional.
En las relaciones, las promesas incumplidas pesan más que los errores porque el error puede repararse, pero la expectativa rota deja una herida silenciosa, la sensación de haber creído en alguien que no estaba donde decía estar. Por eso, a veces, es más sano decir “no puedo” que prometer “lo intentaré” sin compromiso real.
Quizá el verdadero acto de honestidad no sea prometer más, sino aprender a prometer menos y cumplir mejor. Porque la confianza no se construye con palabras bonitas, sino con actos repetidos que, día a día, demuestran que lo que se dice y lo que se hace caminan en la misma dirección.
¿Cuántas promesas siguen pesando en tu vida tanto como la decepción?

Buen día amigas/os, ya estamos en marcha por nuestros sueños.

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En las relaciones de pareja, dar no siempre significa lo mismo para quien entrega que para quien recibe, pues lo que una...
19/01/2026

En las relaciones de pareja, dar no siempre significa lo mismo para quien entrega que para quien recibe, pues lo que una persona siente como un gran esfuerzo, para la otra puede resultar insuficiente, irrelevante o incluso ajeno a lo que necesita. Esta distancia no suele nacer de la mala intención, sino de la falta de conciencia sobre la relatividad del dar.
Desde la psicología relacional sabemos que muchas personas ofrecen en la pareja aquello que les resulta más accesible o aquello que a ellas mismas les gustaría recibir, pues se da tiempo cuando se necesita tiempo, se dan palabras cuando se buscan palabras, se da control cuando se teme perder. El problema aparece cuando confundimos lo que damos con lo que el otro necesita, y damos por supuesto que el esfuerzo equivale a cuidado.
Además, el dar puede estar condicionado por motivaciones distintas y a veces se da desde el vínculo y la presencia, otras, desde la culpa, el miedo a perder o la necesidad de validación, y en estos casos, lo que se entrega no siempre está al servicio de la relación, sino de la propia tranquilidad emocional en el que se da para no sentirse mal y no para encontrarse con el otro/a.
La investigación sobre comunicación en pareja muestra que muchos conflictos no surgen por falta de implicación, sino por desajustes en la forma de expresar el cuidado. Cada persona tiene su propio lenguaje relacional, y cuando no se nombra ni se contrasta, el riesgo es interpretar el esfuerzo propio como amor suficiente y la insatisfacción del otro como ingratitud.
Por eso, en la pareja no basta con dar más, sino con dar mejor, escuchar qué necesita el otro, revisar desde dónde damos y aceptar que lo que para uno/a es mucho, para el otro/a puede no ser lo esencial. El cuidado no se mide por la cantidad del sacrificio, sino por la capacidad de ajustarse sin dejar de cuidarse a uno mismo.
Porque amar no es solo entregarse, es también preguntarse si lo que doy nace del encuentro o de la costumbre de darme de menos.
Buen día amigas/os, ya estamos en marcha por nuestros sueños.
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El mundo de los/as "sabiondas/os" cada día me preocupa más, y especialmente en el mundo de la mente humana. Personas que...
18/01/2026

El mundo de los/as "sabiondas/os" cada día me preocupa más, y especialmente en el mundo de la mente humana.
Personas que hablan con absoluta seguridad sobre emociones, traumas o diagnósticos, sin espacio para la duda, el matiz o la escucha. En psicología, esa certeza excesiva no es una virtud, suele ser una señal de riesgo y de falta de precaución, pues la mente humana es compleja, cambiante y profundamente contextual.
Cuando alguien afirma tener respuestas simples para procesos complejos, lo que suele desaparecer es el rigor, en el que el exceso de seguridad reduce la curiosidad, bloquea la reflexión crítica y favorece intervenciones simplistas que pueden generar más daño que alivio.
La investigación psicológica muestra que cuanto más se sabe, más consciente se es de lo que no se sabe, y la falsa sensación de dominio, en cambio, suele ir acompañada de discursos rígidos, etiquetas apresuradas y explicaciones que no contemplan la singularidad de cada persona. En salud mental, generalizar no solo es un error teórico, es un problema ético.
Además, el discurso del “yo sé” suele desplazar al “yo escucho”, pues se habla más de soluciones que de procesos, más de recetas que de acompañamiento, y en ese camino, la persona queda reducida a un problema que hay que corregir, no a una historia que comprender.
Quizá lo verdaderamente profesional no sea tener siempre una respuesta, sino saber sostener la pregunta, porque en el trabajo con la mente humana, la humildad no es una debilidad, sino una forma de respeto.
Buen día amigas/os, ya estamos en marcha por nuestros sueños.
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A veces la vida se percibe como profundamente irrespetuosa, en la que personas generosas, comprometidas con el cuidado d...
17/01/2026

A veces la vida se percibe como profundamente irrespetuosa, en la que personas generosas, comprometidas con el cuidado de los demás y con una fuerte implicación emocional, tienen existencias breves. Mientras tanto, otras que viven desde el daño, la indiferencia o la falta de escrúpulos parecen acumular años sin grandes consecuencias visibles, pero esta contradicción no solo duele, también descoloca.
Desde la psicología, esta vivencia choca con la creencia en un mundo justo, la idea de que el bien será recompensado y el daño castigado, pero cuando la realidad desmiente esta expectativa, aparece una mezcla de tristeza, rabia e impotencia. No es solo la pérdida, es la sensación de que el orden moral no funciona.
Las personas que ayudan suelen implicarse más emocionalmente, asumir cargas ajenas y descuidar sus propios límites, pero olvidan que el desgaste empático y el estrés sostenido tienen un impacto real en la salud. Por el contrario, quienes viven desconectados del daño que causan suelen experimentar menos culpa y menos activación emocional, lo que no implica una vida más plena, sino una vida menos consciente.
El error está en confundir duración con sentido, pues vivir más no es sinónimo de vivir mejor. Una vida breve puede estar llena de coherencia, vínculo y significado, mientras que una larga puede transcurrir desde la indiferencia.
Tal vez la verdadera injusticia no sea cuánto se vive, sino cómo se vive, y lo verdaderamente respetuoso con la vida sea aprender a cuidar sin destruirse y a vivir sin dañar.
Buen día amigas/os, ya estamos en marcha por nuestros sueños.
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La calidad no es un acto, es un hábito. ​Un buen resultado nunca es un accidente. Es siempre el fruto de un esfuerzo int...
16/01/2026

La calidad no es un acto, es un hábito.
​Un buen resultado nunca es un accidente. Es siempre el fruto de un esfuerzo inteligente y de saber estar en el lugar adecuado con las herramientas correctas.
​Valorar el trabajo previo es lo que diferencia lo ordinario de lo extraordinario.
Nada sale por casualidad y sí por causalidad.

16/01/2026

La presunción de inocencia es sagrada para nosotros/as, salvo cuando hablamos de otras personas. Mezclamos ideología con derechos y declaramos "culpables" o "inocentes" según nuestras creencias, sin tener ni idea de lo que hablamos y sin más razón que lo que pensamos.
Olvidamos que podemos destrozar la vida de las personas y que después de dañados, nadie podrá reparlo.
Trabajando en Alicante en un caso de as*****to donde creo que el presunto autor es inocente, mientras redes y medios de comunicación le machacan...
¿Y si fuera un ser querido el acusado, seríamos igual de malvados e imprudentes?
Demasiados aprendices de juez emitiendo afirmaciones sin tener ni idea.

La mentira suele producir un impacto inmediato, y activa una sensación de traición que rompe la confianza, uno de los pi...
16/01/2026

La mentira suele producir un impacto inmediato, y activa una sensación de traición que rompe la confianza, uno de los pilares básicos de las relaciones humanas. Cuando descubrimos que alguien ha mentido, no solo duele el hecho en sí, sino la conciencia de haber sido manipulados. A nivel psicológico, cuestiona lo que creíamos saber y nos obliga a reorganizar nuestra percepción de la otra persona.
La decepción, en cambio, suele ser más silenciosa y persistente, pues no siempre nace de una mentira explícita, sino del choque entre las expectativas creadas y la realidad vivida. Duele porque implica un proceso de pérdida, la pérdida de la imagen idealizada del otro, de la relación o de la situación, pues mientras la mentira rompe, la decepción desgasta.
La mentira puede generar enfado y una respuesta emocional intensa, pero la decepción tiende a dejar una huella más profunda, asociada a tristeza, desilusión y retirada emocional.
Además, la decepción tiene un componente introspectivo que la hace especialmente dolorosa pues no solo cuestionamos al otro, sino también nuestro propio criterio, apareciendo la pregunta de cómo no lo vimos venir, lo que puede erosionar la autoestima y la confianza en uno mismo.
Desde una perspectiva psicológica, no se trata de decidir cuál duele más, sino de comprender que duelen de forma diferente. La mentira hiere la confianza, la decepción, el vínculo, y mientras la primera puede repararse con verdad y coherencia, la segunda exige un proceso más complejo de aceptación y reajuste emocional.
En muchos casos, lo que más duele no es la mentira ni la decepción por separado, sino la suma de ambas, descubrir que la verdad no solo era distinta, sino que las expectativas nunca estuvieron alineadas con la realidad.
Buen día amigas/os, ya estamos en marcha por nuestros sueños.
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Hombres y mujeres no se miran al espejo de la misma manera, y esta diferencia no es casual ni únicamente individual, sin...
15/01/2026

Hombres y mujeres no se miran al espejo de la misma manera, y esta diferencia no es casual ni únicamente individual, sino el resultado de procesos psicológicos, sociales y culturales bien estudiados.
La investigación en imagen corporal muestra que las mujeres tienden a realizar una evaluación más detallada y crítica de su cuerpo, centrándose su atención en partes concretas y en la discrepancia entre la imagen real y el ideal internalizado. Este fenómeno se relaciona con una mayor autoobjetivación, concepto ampliamente descrito en psicología, que explica cómo muchas mujeres aprenden a verse a sí mismas desde una mirada externa, evaluadora y comparativa. Como consecuencia, la insatisfacción corporal y la autocrítica aparecen con mayor frecuencia y de forma más intensa.
En los hombres, la observación frente al espejo suele ser más global y funcional, pues el cuerpo se valora principalmente en términos de rendimiento, fuerza o utilidad. Aunque en las últimas décadas ha aumentado la presión estética masculina, los estudios indican que el malestar corporal en hombres suele expresarse menos a nivel emocional y más a través de conductas compensatorias o de evitación. La educación emocional tradicional, basada en la contención y la negación de la vulnerabilidad, influye de manera significativa en esta relación más distante con la propia imagen.
Ambos patrones comparten un riesgo común, reducir la identidad personal a la apariencia física, pues mientras que las mujeres tienden a sobrerrepresentar el juicio y la crítica, los hombres suelen infrarrepresentar la conexión emocional con su propio cuerpo. En ninguno de los dos casos el espejo actúa como un reflejo neutro sino como un filtro cargado de creencias aprendidas.
Desde una perspectiva psicológica, el objetivo no debería ser promover una imagen corporal idealizada, sino una relación más funcional y respetuosa con el propio cuerpo, pues no se trata de gustarse siempre, sino de mirarse sin hostilidad y sin convertir el reflejo en una medida del valor personal.
Buen día amigas/os, ya estamos en marcha por nuestros sueños.

En esta vida hay algo que olvidamos con demasiada facilidad, "la delgada línea que separa el ser bueno del ser tonto/a"....
14/01/2026

En esta vida hay algo que olvidamos con demasiada facilidad, "la delgada línea que separa el ser bueno del ser tonto/a".
Y no, no es una línea evidente ni viene señalizada, pues de hecho, suele borrarse cada vez que justificamos lo injustificable, que cedemos por miedo a molestar o que confundimos la empatía con la renuncia constante a nosotros mismos.
Ser buena persona no implica tragar con todo, no significa callar siempre, ni entender a quien nunca se esfuerza en entendernos. La bondad no debería doler, ni dejarnos vacíos, ni colocarnos sistemáticamente en el último lugar de la lista.
El problema aparece cuando el “yo puedo con esto” se convierte en un “yo siempre puedo con todo”, cuando ayudamos no porque queremos, sino porque no sabemos decir que no, y es ahí la bondad empieza a deformarse y a parecerse peligrosamente a la autoanulación.
Hay personas que no se aprovechan de los buenos, sino de los que no ponen límites, y mientras unos creen que están siendo generosos, otros aprenden rápidamente que pueden pedir, exigir y desaparecer sin consecuencias.
Ser bueno es elegir, ser tonto es no darse cuenta de que siempre estás eligiendo perder, y la diferencia está en la conciencia, en el límite y en el respeto propio, porque cuando empiezas a cuidarte, no te vuelves peor persona, te vuelves una persona más justa también contigo.

Buen día amigas/os, ya estamos en marcha por nuestros sueños.
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Una persona importante no necesita de lujos para ser reconocida, y no lo hace por lo que exhibe, sino por lo que transmi...
13/01/2026

Una persona importante no necesita de lujos para ser reconocida, y no lo hace por lo que exhibe, sino por lo que transmite cuando está presente.
La verdadera importancia no se mide en marcas, cargos ni apariencias, sino en la capacidad de generar calma, de sumar sin hacer ruido y de dejar huella sin imponerse. Hay personas que, sin levantar la voz, ordenan una habitación entera y otras, en cambio, necesitan rodearse de símbolos para intentar sostener lo que por dentro aún no está firme.
Quien es importante de verdad no compite, no presume y no necesita demostrarse constantemente, sabe quién es, y eso le basta. Por eso escucha más de lo que habla, cuida más de lo que muestra y elige la coherencia por encima del escaparate.
El lujo puede impresionar un instante, pero la autenticidad permanece. Y al final, cuando pasa el tiempo y se apagan las luces, lo que recordamos no es lo que alguien tenía, sino cómo nos hizo sentir.
Porque la importancia real no se compra ni se viste, se nota.

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El querer probar, conocer o disfrutar de cosas “nuevas” es algo fabuloso, pero también, para algunas personas, puede con...
12/01/2026

El querer probar, conocer o disfrutar de cosas “nuevas” es algo fabuloso, pero también, para algunas personas, puede convertirse en una verdadera trampa que las lleve a la insatisfacción permanente.
Porque no todo deseo de novedad nace de la curiosidad sana. A veces nace del vacío, de la comparación constante o de la incapacidad de habitar lo que ya se tiene, y entonces lo nuevo deja de ser experiencia convirtiéndose en huida.
Vivimos en una cultura que confunde movimiento con avance, donde cambiar de planes, de personas o de objetivos da una sensación momentánea de control y excitación, pero cuando todo se reemplaza demasiado rápido, nada llega a tener sentido, no se profundiza, no se cuida y no se valora.
La trampa está en pensar que la plenitud siempre está un paso más allá, que lo importante aún no ha llegado, que cuando tenga, cuando sea, cuando cambie llegará el momento, pasando la vida en vive en modo espera, acumulando experiencias sin digerirlas.
Disfrutar de lo nuevo no debería implicar despreciar lo presente, pues la satisfacción no viene de sumar estímulos, sino de aprender a estar, de elegir conscientemente, no de perseguir sin parar.
Porque no es la falta de cosas lo que genera insatisfacción, sino la dificultad para reconocer cuándo ya es suficiente.
Buen día amigas/os, ya estamos en marcha por nuestros sueños.
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Si algo hemos podido sacar en claro de la fiesta de los Reyes Magos, es que por mucho que nos empeñemos en llenar a los ...
11/01/2026

Si algo hemos podido sacar en claro de la fiesta de los Reyes Magos, es que por mucho que nos empeñemos en llenar a los niños de regalos, lo que recordarán más adelante serán otras cosas como caricias, abrazos, canciones, paseos, es decir, las emociones por encima de valor monetario.
Los juguetes se rompen, se pierden o se quedan pequeños mientra que las emociones, no. Esas se quedan grabadas en un lugar invisible pero muy resistente, la memoria afectiva, allí donde un gesto de ternura pesa más que cualquier envoltorio brillante.
Los niños no necesitan adultos perfectos ni agendas repletas de sorpresas, necesitan presencia, necesitan miradas que confirmen, manos que acompañen y voces que nombren lo que sienten. Porque un regalo puede ilusionar un día, pero un vínculo seguro sostiene toda una vida.
A veces los adultos confundimos dar con compensar, y regalamos cosas cuando falta tiempo, cuando sobra cansancio o cuando no sabemos cómo estar, y sin darnos cuenta, enseñamos que el cariño se compra, cuando en realidad se construye.
Educar emocionalmente también es esto, entender que lo importante no cabe en una caja ni se envuelve con lazo, que lo verdaderamente valioso es lo que no se puede devolver ni cambiar, porque se vive y se queda.
Al final, cuando sean mayores, no recordarán cuántos regalos hubo bajo el árbol, recordarán cómo se sintieron en casa y cómo podían percibir el amor.

Buen día amigas/os, ya estamos en marcha por nuestros sueños.
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