04/02/2026
Crecer con un solo adulto estable cambia una vida.
Crecer sin ninguno la marca profundamente.
Cuando en una familia uno de los progenitores es abusador, caótico o emocionalmente enfermo, el otro puede convertirse en un amortiguador emocional: sostiene, traduce, protege, da coherencia.
No elimina el daño, pero lo contiene.
El problema aparece cuando ninguno sostiene.
Cuando ambos son inmaduros, negligentes o están atrapados en su propio dolor.
Ahí el niño crece sin referencia, sin regulación y sin un lugar seguro donde apoyarse.
Y aún es más confuso cuando los padres entran en un baile codependiente:
uno justifica al otro, o se acusan mutuamente, pero nadie actúa.
El niño aprende que el conflicto existe… y que aun así nadie va a protegerle.
Las consecuencias en la vida adulta son profundas: dificultad para confiar, autoexigencia extrema, miedo a necesitar, atracción por vínculos inestables, sensación de vacío o de no tener un “yo” claro.
Sanar implica construir por primera vez lo que faltó:
un adulto interno que sostenga, que ponga límites, que proteja y que no abandone.
No es fácil.
Pero es posible.
Y empieza cuando puedes nombrar lo que viviste.Cuando falta un adulto estable: consecuencias psicológicas de crecer con un progenitor que sostiene… o con ninguno
En el desarrollo infantil, pocas variables son tan determinantes como la presencia de al menos un adulto emocionalmente disponible. No hablamos de perfección, sino de suficiente estabilidad, coherencia y capacidad de regulación. La literatura en trauma y apego es clara: un solo vínculo seguro puede amortiguar el impacto de un entorno adverso. Pero cuando ese adulto no existe —o está, pero no sostiene— las consecuencias se vuelven profundas, persistentes y, a menudo, invisibles hasta la edad adulta.
Este artículo explora las diferencias entre crecer con un progenitor que estabiliza y crecer sin ninguno, así como las dinámicas de codependencia parental que perpetúan el daño.
1. Cuando uno sostiene: el “factor amortiguador” del adulto disponible
En familias donde uno de los progenitores es abusador, inmaduro, impredecible o emocionalmente enfermo, la presencia del otro como figura estable puede marcar la diferencia entre un apego desorganizado y un apego inseguro pero reparable.
Un progenitor que estabiliza:
▪️regula la intensidad emocional del hogar
▪️ofrece coherencia frente al caos
▪️valida la experiencia del niño
▪️protege, incluso cuando no puede cambiar al otro adulto
▪️modela seguridad, aunque el entorno sea complejo
Este adulto actúa como base segura compensatoria. No elimina el daño, pero lo contiene. Permite que el niño desarrolle una narrativa interna menos fragmentada: “Hay alguien que me ve, alguien que me sostiene, alguien que no me culpa”.
La investigación muestra que un solo vínculo seguro puede reducir el impacto del trauma relacional temprano, mejorar la resiliencia y disminuir la probabilidad de repetir patrones disfuncionales en la vida adulta.
2. Cuando ninguno sostiene: el vacío estructural
Cuando ambos progenitores son inmaduros, negligentes, abusadores o emocionalmente indisponibles, el niño crece sin referencia interna ni externa. No hay un lugar donde apoyarse, ni un adulto que traduzca el mundo emocional, ni un modelo de regulación.
Las consecuencias suelen ser más severas:
✔️apego desorganizado
✔️dificultad para confiar
✔️hipervigilancia crónica
✔️autoexigencia extrema o inhibición emocional
✔️sensación de vacío o identidad difusa
✔️tendencia a relaciones donde se repite la falta de sostén
El niño aprende que no hay nadie a quien acudir, y ese aprendizaje se convierte en un patrón relacional en la adultez: “Tengo que poder sola”, “No puedo necesitar”, “Si dependo, me rompo”.
3. El baile eterno: la codependencia entre progenitores
En muchas familias donde uno de los adultos es abusador, caótico o emocionalmente enfermo, el otro no actúa como sostén. No porque no quiera, sino porque está atrapado en una dinámica de codependencia.
La codependencia parental se manifiesta en dos formas principales:
a) El progenitor que justifica al abusador
Minimiza, excusa, niega o romantiza la conducta del otro.
No protege al niño porque está emocionalmente fusionado con su pareja.
Mensajes típicos:
▪️“No lo hace con mala intención.”
▪️“Está pasando por un mal momento.”
▪️“Si no le provocas, no se enfada.”
El niño aprende que su dolor es secundario y que la lealtad al adulto es más importante que su bienestar.
b) El progenitor que se victimiza, pero no actúa
Se queja, llora, sufre… pero no pone límites ni protege.
El niño queda atrapado en un rol imposible: cuidar al adulto que debería cuidarle.
Ambos patrones generan un mensaje devastador:
“Aquí nadie te va a salvar.”
4. Cuando los padres se acusan mutuamente, pero nadie hace nada
Este escenario es especialmente confuso para el niño.
Los adultos se señalan, se culpan, se reprochan… pero ninguno interviene.
El mensaje implícito es doble:
▪️ “El problema existe.”
▪️“Y aun así, nadie va a protegerte.”
Esto genera:
✔️disonancia cognitiva
✔️culpa internalizada
✔️dificultad para identificar abuso en la vida adulta
✔️tendencia a normalizar relaciones caóticas
✔️sensación de estar emocionalmente sola incluso acompañada
El niño crece sin un marco claro de realidad. Aprende que el conflicto es permanente, que la responsabilidad es difusa y que la protección es inexistente.
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5. Consecuencias en la vida adulta
Las personas que crecieron sin un adulto estable suelen presentar:
▪️dificultad para regular emociones
▪️miedo a la intimidad o dependencia extrema
▪️atracción hacia parejas inestables
▪️hipersensibilidad al rechazo
▪️autoexigencia como forma de control
▪️tendencia a roles de cuidador
▪️dificultad para poner límites
▪️sensación de no merecer apoyo
Mientras que quienes tuvieron un solo adulto disponible, aunque imperfecto, suelen mostrar:
🔸️mayor capacidad de reparación
🔸️mejor tolerancia emocional
🔸️vínculos más estables
🔸️narrativa interna menos fragmentada
🔸️mayor capacidad de pedir ayuda
La diferencia no está en la ausencia de trauma, sino en la presencia de un vínculo que amortigua.
6. La reparación: volver a tener un adulto interno
La sanación pasa por reconstruir lo que faltó:
🔹️un marco estable
🔹️una voz interna que sostenga
🔹️límites claros
🔹️permiso para necesitar
🔹️capacidad de confiar sin perderse
El trabajo terapéutico ofrece ese espacio: un vínculo seguro donde el adulto interno puede empezar a formarse, incluso si nunca existió fuera.
Un solo adulto emocionalmente disponible puede cambiar el destino psicológico de un niño.
La ausencia de ambos deja un vacío que se convierte en patrón relacional.
Y la codependencia entre progenitores perpetúa un sistema donde nadie protege y todos sufren.
Comprender estas dinámicas no es culpar.
Es nombrar lo que ocurrió para que, por primera vez, pueda empezar a repararse.
GABINETE DE PSICOLOGÍA ANA OCAÑA
Especialistas en Salud
www.anaocana.com
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