17/04/2026
Un nuevo estudio rastrea cómo una proteína esencial para la audición evolucionó de un antiguo canal de iones al sensor de sonido exquisitamente sensible de hoy.
Pequeños paquetes de células del pelo en el oído interno, como los de esta imagen de microscopio electrónico de escaneo colorizado, son esenciales para la audición y el equilibrio. En la coclea, una proteína llamada TMC1 se sienta sobre cada cilio de un paquete.
Cuando las ondas de sonido mueven estos pelos microscópicos, TMC1 actúa como un canal, abriendo y permitiendo que las partículas cargadas fluyan en la célula y activen una señal eléctrica al cerebro.
Un equipo liderado por neurobiólogos de la Escuela de Medicina de Harvard identificó un pequeño bucle extracelular en la proteína TMC1 como una parte crucial del mecanismo de puertas del canal, ayudando a controlar cuando se abre. También encontraron que el bucle -que se sabe por ser el lugar de muchas de las mutaciones a TMC1 que pueden causar sordera en humanos- ha sido refinado repetidamente por la evolución a lo largo de millones de años.
Los hallazgos ofrecen nuevas pistas sobre cómo funciona la audición a nivel molecular y podrían ayudar a guiar futuras terapias para la pérdida de audición.
A new study traces how a protein essential for hearing evolved from an ancient ion channel into today’s exquisitely sensitive sound sensor.
Tiny hair-cell bundles in the inner ear, like those in this colorized scanning electron microscope image, are essential for hearing and balance. In the cochlea, a protein called TMC1 sits atop each cilium of a bundle.
When sound waves move these microscopic hairs, TMC1 acts as a channel, opening and allowing charged particles to flow into the cell and trigger an electrical signal to the brain.
A team led by Harvard Medical School neurobiologists identified a tiny extracellular loop on the TMC1 protein as a crucial part of the channel’s gating mechanism, helping to control when it opens. They also found that the loop – which is known to be the site of many of the mutations to TMC1 that can cause deafness in humans – has been repeatedly refined by evolution over millions of years.
The findings offer new clues to how hearing works at the molecular level and could help guide future therapies for hearing loss.