07/04/2026
La danza contemplativa es una forma sencilla y honda de volver a la Fuente, de abrir el corazón a la presencia de Dios que vive en nuestro ser profundo. A través del movimiento consciente, el silencio, la música y la oración del cuerpo, la danza se convierte en un camino de encuentro con Dios.
No es necesario saber bailar. No se trata de técnica ni de perfección. Se trata de disponerse, de dejar que el cuerpo rece, que el alma respire y que el corazón se abra. Cuando nos permitimos movernos desde la interioridad, algo comienza a despertar: la presencia amorosa de Dios se hace más cercana, más viva, más sentida.
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