25/03/2026
Puede que no lo llames así.
Pero quizá te pasa esto:
Te miras desde fuera constantemente.
Piensas en cómo se ve tu cuerpo más que en cómo se siente.
Te corriges, te ajustas, te evalúas.
Como si siempre hubiera una mirada observándote.
Incluso cuando estás sola.
Esto no aparece de la nada.
La psicóloga Barbara Fredrickson, junto a Tomi-Ann Roberts, desarrolló la llamada teoría de la objetivación (1997) para explicar cómo, en nuestra cultura, muchas mujeres aprenden a verse a sí mismas como objetos que deben ser evaluados, ya que observan su cuerpo en función de la forma en que otros lo perciben, internaliza el exterior sexual y es probable que perciba su cuerpo como un objeto
No es una elección individual.
Es algo que se aprende.
A través de los mensajes que recibimos:
cómo “debería” ser un cuerpo
qué es aceptable
qué no lo es
Poco a poco, esa mirada externa se internaliza.
Y entonces ya no hace falta que nadie te juzgue.
Porque tú misma lo haces.
Esto tiene consecuencias profundas:
Desconexión del cuerpo.
Vergüenza corporal.
Ansiedad.
Dificultad para habitarte con calma.
Tu cuerpo deja de ser un lugar donde vivir…
y se convierte en algo que gestionar.
Entender esto no lo cambia todo de golpe.
Pero puede ser un primer paso importante.
Porque si lo aprendiste, también puedes empezar a cuestionarlo.
Y poco a poco, recuperar otra forma de estar en ti:
menos vigilante
menos exigente
más habitable
No es fácil.
Pero tampoco es un fallo tuyo.
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