27/02/2026
El sentido común en Sanidad: ¿por qué es el menos común de los sentidos?
En el campo sanitario, aquel donde el sentido común debería imperar —haciendo que los sanitarios tomen decisiones no solo basadas en conocimientos o protocolos, sino buscando el bienestar real de sus pacientes—, nos encontramos con que cuestiones sencillas no se resuelven de forma correcta. Las prisas, el colapso del sistema y los protocolos llevados al exceso nos llevan a no mirar a la persona que tenemos delante.
Muchos de los fracasos y faltas de adherencia a los tratamientos se producen por la falta de "sentido común" a la hora de hablar con el paciente. Olvidamos que la persona es mayor y vive sola; que solo se pone los dientes solo para acudir a la consulta; que es un adolescente con la piel llena de tatuajes en la cual es difícil poner un parche terapéutico; que no tolera los batidos hiperproteicos porque le revuelven el estómago; o que no puede partir la pastilla por la deformidad de sus manos.
Colocar a la persona en el centro de la consulta o de la botica hace que ese llamado "sentido común" se ponga en marcha, adaptando la prescripción, el consejo o el tratamiento a la persona que se lo va a tomar y a su circunstancia. Quizás el principio activo no se absorba al 100%, pero evitaremos olvidos, abandonos de tratamientos y la ocultación de que las cosas no se están haciendo como se deben, lo cual va a repercutir negativamente en la evolución de la patología.
El sentido común es incompatible con las estadísticas, con la precipitación, con los tickets de caja, con la falta de tiempo y con la falta de dedicación. Además, hace que esa sensación de superioridad que te confiere tu experiencia, tu conocimiento y tu profesión desaparezca, haciéndote comprender que, ante un enfermo, lo más sencillo es lo que mejor se entiende.