29/04/2026
Enfrentarse a uno mismo a veces es muy complicado.
A veces, a quien más mentimos es a nosotros mismos, porque parece más fácil convencernos e ignorar una realidad que enfrentarnos a ella.
Porque en el fondo, muchas veces ya lo sabías. Sabías que ahí no era. Que esa relación no te hacía bien. Que ese ritmo de vida te estaba agotando. Que estabas aguantando más de lo que querías reconocer. Pero aún así te quedas.
Porque mirar hacia otro lado es una forma de intentar sostenerse. De primeras parece el camino fácil, aunque esa situación nos duela o nos esté mermando la energía; creemos que es más fácil que enfrentarnos a la realidad.
Pero, si se sostiene en el tiempo, llega un punto en el que ya no puedes más.
Y entonces no te queda otra que soltar y aceptar que llevabas tiempo quedándote donde ya no encajabas.
Que no era falta de claridad, era miedo a lo que venía después.
Por eso hay decisiones que remueven tanto. Porque no solo implican un cambio fuera, sino un encuentro contigo mismo sin filtros.
Y eso, aunque sea necesario,no siempre es fácil.