08/01/2026
La nueva pirámide alimentaria de EE. UU. tiene un problema serio: no es coherente con la mejor evidencia científica disponible.
Empiezo por lo positivo: por fin se señala con claridad a los ultraprocesados y al azúcar añadido como un gran problema de salud pública. En eso, totalmente de acuerdo.
Pero a partir de ahí, aparecen las incoherencias.
📉 Grasa saturada
El propio documento mantiene el límite de ≤10% de las calorías, pero al mismo tiempo normaliza grasas animales como mantequilla o sebo y coloca alimentos ricos en grasa saturada en posiciones centrales del esquema.
La evidencia es clara: reducir grasa saturada reduce eventos cardiovasculares cuando se sustituye por grasas poliinsaturadas, no cuando se lanza un mensaje ambiguo.
🥩 Carne roja (incluso sin procesar)
No es solo un tema de carne procesada. En estudios grandes y bien diseñados, sustituir carne roja por legumbres, frutos secos o pescado se asocia con menor mortalidad y mejor salud cardiovascular.
Esto no es ideología. Es epidemiología consistente.
🌱 Legumbres: las grandes olvidadas
Se mencionan, sí, pero no se les da el protagonismo que la ciencia respalda.
Las dietas con mayor proporción de proteína vegetal muestran mejores marcadores cardiometabólicos y menor riesgo de enfermedad. Ignorar esto en una guía nacional es una oportunidad perdida.
🍎 Frutas y verduras
Se presentan como base visual, pero las recomendaciones numéricas son conservadoras.
Los meta-análisis muestran una relación dosis-respuesta clara: a más frutas y verduras (hasta cierto punto), menor riesgo de mortalidad.
📌 Conclusión:
Esta pirámide no miente, pero selecciona qué enfatizar y qué diluir. Y en salud pública, eso importa.
Y lo digo claro: no soy vegano, soy omnívoro y como de todo.
Pero como profesional de la salud, no puedo ignorar décadas de evidencia sólida que muestran que reducir la dependencia de la carne roja y aumentar la proteína vegetal es una estrategia claramente superior para la salud a largo plazo.
La ciencia no va de bandos.
Va de datos.