23/09/2024
Cuando tus hijos van creciendo, comienzan a desarrollar habilidades comunicativas, a negociar e incluso, a veces, a chantajear. Y lo más sorprendente es que no nacen con esa capacidad; la aprenden. Y, ¿de quién la aprenden? De nosotros, los padres. Entonces, ¿cómo evitamos que lo hagan? Sencillo: no lo hagas con ellos. No los chantajees. Punto. No hay otra fórmula mágica. Aunque al principio pueda parecer que funciona, a largo plazo el chantaje se vuelve en tu contra, y la dinámica puede llegar a un punto donde no sabes si tú eres el adulto o el niño.
¿Qué fue lo que aprendí en mi proceso de paternidad consciente? Aprendí a explicarles a mis hijos las consecuencias naturales de sus actos. Por ejemplo, no es lo mismo decir: "O te das prisa o no salimos de casa", que decir: "Cariño, veo que te está costando salir, pero si seguimos tardando, tal vez no lleguemos a tiempo a la función". O también: "Sé que te encanta jugar con papá, podemos seguir jugando, pero si lo hacemos tal vez no tengamos tiempo para leer el cuento antes de dormir".
¿Esto evitará la discusión? Al principio, probablemente no. Pero, con el tiempo, el niño aprenderá que la vida se rige por normas y tiempos. A veces se pueden flexibilizar sin mayores consecuencias, pero en otras ocasiones, la tardanza implica consecuencias como perderse el cine o el teatro, o no tener tiempo para ciertas actividades como leer un cuento antes de dormir.
Optar por este enfoque no solo evita conflictos innecesarios, sino que beneficia a tus hijos al permitirles tomar responsabilidad progresiva de sus decisiones. Al experimentar las consecuencias de sus acciones, ellos mismos aprenden sobre las reglas naturales de la vida. Como padres, a menudo sentimos la necesidad de evitarles estas consecuencias, pero permitir que las experimenten fomenta su crecimiento y les prepara para la vida adulta.