18/02/2026
El otro día en el parque me preguntaron si ya decía palabras.Y aunque por fuera sonreí, por dentro algo se removió.
Porque en casa yo le entiendo.Sé que cuando dice “agua” no siempre quiere agua. Sé lo que necesita casi sin que lo diga.
Pero fuera de casa… no estoy yo. Y ahí es donde, si soy sincera, aparece el miedo de verdad.
No el de que no diga una palabra concreta.
Sino el de pensar:
“¿Sabrá pedir lo que necesita cuando yo no esté?”
“¿Le entenderán?”
“¿Estaré dejando pasar algo?”
Si tú también te has hecho esas preguntas, te entiendo.
No se trata de obsesionarse.Pero tampoco de quedarse solo en el “ya hablará”.
Se trata de mirar con calma.De darle espacio para intentar comunicarse.De no anticiparnos siempre.De enseñarle que su intento tiene efecto.
Eso no es preocuparse.Es ocuparse.
Entre preocuparte y mirar hacia otro lado hay un punto intermedio.Ahí es donde acompañamos.