24/03/2026
Durante mucho tiempo pensé que la palabra “hogar” se refería a un lugar en el mapa. Después de vivir en tres países, cinco ciudades y en muchas casas distintas, entendí que el hogar no siempre es una ciudad, una casa o un paisaje, sino esa sensación profunda que aparece cuando...
el sistema nervioso deja de estar en alerta,
el cuerpo se relaja,
la mente se suaviza
y la creatividad y la autenticidad pueden florecer.
A lo largo del tiempo también comprendí que muchas veces buscamos esa sensación de hogar en lugares y en personas. No solo por el lugar o las personas en sí, sino por cómo nos hacen sentir:
cuando la respiración se profundiza,
los músculos se aflojan
y algo dentro se calma sin esfuerzo,
permitiéndonos ser nosotros mismos
sin necesidad de alerta,
dejar surgir nuestra propia suavidad y ternura interior,
donde no hay exigencias de actuar ni demostrar nada
y donde podemos conectar con nuestra parte más auténtica.
Antes de poder auto-regularnos, muchas veces aprendemos a sentirnos en calma a través de la co-regulación con quienes nos rodean.
Con el tiempo comprendí que crear hogar también significa cultivar aquello que nos ayuda a sentirnos 'grounded':
•prácticas como el yoga o el trabajo somático,
•la forma en que nos hablamos por dentro,
•cómo nutrimos el cuerpo,
•y también aquello que alimenta nuestra mente: lo que escuchamos, leemos o vemos,
todo aquello que permite al sistema nervioso relajarse y recordar cómo se siente la calma.
El "hogar" no es solo un lugar. No tiene que ver con arquitectura ni con tener alguna propiedad.
Tiene que ver con la una mente en calma,
la tensión que se afloja,
con las personas que nos enraizan,
con un sueño profundo,
con sentirte en paz,
con la creatividad y dulzura que tienen raíz para florecer,
con poder ser tú mismo o tú misma sin esconder tu esencia.
Y el HOGAR es donde el sistema nervioso puede respirar profundo y consciente.
¿Cómo se siente para ti el hogar?
Compártelo abajo o deja un 🩵 si esto resuena contigo.