29/11/2024
Muchas de las víctimas de Abuso Sexual Infantil tienen un largo recorrido por los dispositivos de salud mental, allí pueden recibir distintos diagnósticos, a veces superpuestos, como trastorno límite de la personalidad, trastorno de pánico, depresión, adicción a sustancias, trastornos disociativos, somatomorfos, trastorno ansioso depresivo, retraso mental leve, etc. Es curioso observar el historial clínico de la persona y comprobar como ha ido recibiendo estos diagnósticos a lo largo de su vida. En el caso de víctimas de otras situaciones traúmaticas como pueden ser un accidente de tráfico, un desastre natural o un conflicto bélico sería absurdo que cuando van a recibir ayuda para las consecuencias psicológicas de haber padecido estos eventos nunca se mencionen estos durante el tratamiento dichas experiencias, la sintomatología derivada del trauma como dependencia al alcohol, episodios de angustia, insomnio o retraimiento social, etc, no se entenderia sin tener en cuenta lo sucedido, lo que dificultaría la autocomprensión, el acompañamiento y la recuperación de la persona. De no incluir el evento traumático como un eje explicativo de la situación y las dificultades actuales, emociones como la vergüenza, la rabia o la culpa quedarían desatendidas sumiendo al superviviente en mayores grados de confusión y autocuestionamiento. Sin embargo, esta situación es vivida por muchas personas que han sufrido Abuso Sexual Infantil. Llegan a los servicios de salud mental y reciben ayuda mientras el dolor del trauma permanece invisible, no es mencionado ni tenido en cuenta durante el tratamiento, o bien es descrito como irrelevante, anecdótico o demasiado antiguo...
Existen multitud de terapias para la atención de las secuelas psicotraumáticas de la experiencia de haber sido abusado/a sexualmente en la infancia. Sin embargo, la única diferencia entre una terapia especialmente focalizada en el trauma y una perspectiva tradicional es que la experiencia traumática es percibida como central para la comprensión y el tratamiento de los problemas mentales.
La intervención psicoterapéutica ha de dar un lugar a la experiencia del abuso, de este modo la persona puede integrar y dar sentido al caos emocional que viene padeciendo. A la vez hemos de acompañar y propiciar el autocuidado su propio proceso. Es necesario comprender los delicados ritmos que implica la recuperación, en los que la desregulación afectiva, la desorganización, la disociación o la hipersensibilidad reactiva en las relaciones, entre las que se incluye la terapéutica.