21/03/2026
EL VUELO DEL DRAGÓN: DESPEDIDA FRENTE AL MAR
Hoy me levanté sabiendo que era el momento de decir adiós. Me puse en marcha y, en el camino, el universo me regaló lo necesario: una cáscara de palmera que encontré en el trayecto y que se convertiría en el pequeño barco de mi mensaje. Antes del acto final, recuperé un ritual que el mundo digital me había robado; me senté a desayunar con una libreta y un bolígrafo, dejando que la mano fluyera sobre el papel. Escribí para ti lo que fuimos, lo que no pudimos ser y, sobre todo, lo que te deseo. Fue una despedida honesta, sin filtros.
Enrollé mis palabras, las coloque en la cáscara de palmera junto a las flores que había recogido y la entregué al agua. El mar estaba plano, sereno, y vi cómo partías. Parecía que los peces, con sus pequeñas burbujas, empujaban esa barquichuela improvisada, escoltándola mientras se adentraba en el horizonte. Sé que hoy se despide tu cuerpo, ese envoltorio que nos regala la vida, pero yo no me quedo con eso. Me quedo con la energía que había dentro, esa que ya está volando alto. Fuiste parte de mi juventud, de mi crecimiento y de mi vida. Eres mi hermano y eso no lo borrará nadie. Hay quienes necesitan aplausos y méritos para demostrar, pero yo no necesito estar ahí para que tú sepas cuánto te quiero.
Al verte partir, entendí tantas cosas. Recordé a nuestra madre diciéndote que eras su despertador, su mejor medicina; tú eras quien le quitaba el dolor de cabeza con solo estar. Te quería muchísimo, eras su centro. Te llamaba cariñosamente "Draco" y te cantaba mientras juraba que veía salir fuego de tu nariz. Ahora entiendo que lo que ella veía era tu energía, esa fuerza que la curaba cuando se abrazaba a ti en medio de su enfermedad. Eras especial, diferente, con un mundo interior introvertido que a veces intento descifrar, hijo de una infancia donde quizás faltó ese amor que necesitábamos o donde no supieron darnos lo que nos hacía falta. Es triste, pero es nuestra historia.
Estaba sola frente al agua, pero te sentía conmigo. No necesité multitudes; me bastó hablarte a través de la energía del sol, de la naturaleza y de las estrellas. Te quise, te quiero y te querré. Me despido sin odio y sin rabia, porque nunca los hubo. Aunque el dolor ha estado presente, entiendo tu interior; sé que a veces, por intentar no herir a unos, terminamos hiriendo a otros. Sé que nos veremos pronto. Nuestras energías se encontrarán porque así es la vida y así es su ley, aunque la realidad te haya llevado demasiado pronto. El destino guarda sus tiempos y estoy segura de que llegará el momento en que nos daremos aquel abrazo que nos quedó pendiente. Nos veremos, nos encontraremos y cerraremos el círculo con la paz de habernos querido siempre.
Rosa Maria Costa Escolà