21/04/2026
EL PIRÓMANO
El pirómano no enciende fuego: enciende una escena.
Algo en su interior arde mucho antes de que la llama aparezca. No es solo impulso, es una tensión que no encuentra palabra, un exceso que no logra simbolizarse.
Donde otros hablan, él prende. Donde otros elaboran, él calcina.
El fuego, en su fulgor, le ofrece una ilusión de dominio: ver cómo algo crece, se expande, responde a su gesto.
Allí donde se sintió pequeño, ignorado o sofocado, la llama le devuelve una forma de poder primitivo, casi hipnótico.
También hay un goce oscuro en la destrucción, una descarga que roza lo insoportable.
Después, el silencio. A veces fascinación; otras, un vacío más hondo.
Puede mirar su obra como si no le perteneciera, o sentirse atravesado por una culpa difusa que no siempre logra nombrar.
Y sin embargo, las consecuencias llegan: lo arrasado fuera refleja lo que dentro sigue sin resolverse. Porque ningún incendio exterior logra apagar el incendio psíquico que lleva dentro.
Mª Dolores Mora Ros
Psicóloga Sanitaria-Psicoanalista
Consulta de Psicología Mª Dolores Mora Ros.