04/06/2014
La falsa generosidad en la pareja: miedo y conveniencia.
Cuántas veces hemos oído la frase, "no dejo a mi pareja porque me da pena"...
Es mucho más sencillo pretender vendernos como seres altruistas, capaces de sacrificar nuestra felicidad personal en pos del bienestar del otro, que afrontar que, si no damos el paso, es porque extraemos una ganancia de la situación que estamos viviendo.
La generosidad existe en la pareja, pero no aquella que requiere del sacrificio máximo, que es la pérdida de nuestra propia vida.
Nadie renuncia a lo que desea para que su compañero o compañera lo obtenga.
Generalmente, detrás de esa cortina dadivosa, se esconde el miedo a vernos solos, a no saber qué vendrá después; el miedo a salir de nuestra parcela de confort, de lo conocido, de aquello que, aunque no nos da lo que lo buscamos, resulta cómodo y controlable.
Además, como nos autoengañamos con la farsa de estar haciendo un sacrificio por el otro, nos vamos llenando de resentimiento y, sin ser conscientes de ello, nos vengamos haciendo sufrir a esa persona que, simplemente, es como es.
Cuando nos encontramos en esta encrucijada, en la mayoría de los casos, estamos esperando a que aparezca un príncipe o princesa montados en su caballo blanco para salvarnos de una situación que, por nosotros mismos, no queremos afrontar.
Buscamos que ese tercero nos garantice que si renunciamos a lo que tenemos, no habrá pérdidas, sólo ganancias.
Y obviamos la injusticia que estamos cometiendo con aquél o aquélla que se encuentra a nuestro lado, ya que, mientras tejemos un plan inconsciente para poder salvarnos, no le estamos permitiendo que ellos mismos consigan salvavidas que eviten su ahogamiento.
Lejos de ser almas caritativas, nos convertimos en ejecutores de una perversa manipulación que persigue nuestra estabilidad en todo momento, sin reparar en el daño colateral que provocamos.
Si ya no quieres a quien te acompaña en tu andadura, no busques escusas, no te escondas; salta al precipicio con honradez sin calcular si la piscina está lo suficientemente llena como para frenar tu caída. Es el único modo de que ambos os separéis en igualdad de condiciones, sin mentiras y, ejerciendo vuestros respectivos recursos, construyáis un futuro nuevo, por separado, y creado desde lo verdadero y lo sano.
Estamos biológicamente predispuestos a evitar el dolor y alcanzar el placer; sin embargo, generalmente, es necesario experimentar un poco del primero para encontrar el segundo en plenitud.
Un placer compartir.
Lucía Álvarez - Neoterapias Global - "A los 50 te das cuenta".