04/10/2021
LOS SENTIDOS OCULTOS
Además de los cinco sentidos que todos conocemos (vista, oído, olfato, gusto y tacto), tenemos (al menos) otros tres "sentidos ocultos", más desconocidos que los anteriores y cuyo trabajo o función queda más a la sombra. Se trata de los sistemas propioceptivo, vestibular e interoceptivo.
El SISTEMA PROPIOCEPTIVO o propiocepción es la conciencia de la propia postura corporal con respecto al medio que nos rodea.
El SISTEMA VESTIBULAR o aparato vestibular se encuentra en el oído interno y es el responsable de detectar desplazamientos, giros o aceleraciones para ayudarnos a mantener el equilibrio.
El SISTEMA INTEROCEPTIVO o interocepción nos permite sentir nuestros órganos internos y nos aporta información sobre el estado interno de nuestro cuerpo (dolor, temperatura, picor, hambre, sed, sueño, frecuencia cardíaca o respiratoria, etc.), así como de nuestro estado emocional (alegría, vergüenza, tristeza, miedo, ira, etc.).
En esta ocasión nos vamos a ocupar del primero de ellos, la propiocepción. De los otros dos nos ocuparemos próximamente.
A pesar de que no somos conscientes de ello, determinados componentes del sistema músculo-esquelético, junto con la visión y el equilibrio, envían constantemente información al cerebro acerca de nuestra posición con respecto al entorno, formando una imagen o patrón de la ubicación y estado de cada uno. Esta información es la que le permite a nuestro cerebro fabricar las respuestas, dando como resultado la realización de movimientos precisos.
Sin propiocepción, no podríamos movernos. Pongámoslo así: si te pierdes en tu ciudad, inmediatamente buscas ubicarte para poder moverte. De igual manera sucede en nuestro cuerpo. Si no sé en qué posición tengo el codo, tampoco sabré cómo moverlo. Imagínate ¿qué sería de nosotros sin propiocepción? Un jugador de tenis no podría realizar un saque correctamente, nos costaría meter una llave a través de la cerradura e incluso llevar una cucharada de comida a la boca.
Los receptores que reciben la información propioceptiva para enviarla al cerebro son:
☆ Husos neuromusculares: están en el vientre muscular.
☆ Órganos tendinosos de Golgi: están en la unión miotendinosa y en el tendón.
☆ Propioceptores capsuloligamentosos: están en la cápsula articular y ligamentos.
Visto esto, ¿por qué después de un esguince hay que trabajar siempre la propiocepción? En un esguince la estructura dañada es, como mínimo, el ligamento, y los ligamentos desempeñan un papel muy importante en la articulación. Por un lado, ofrecen resistencia al movimiento anómalo (actuando como cuerdas que impiden que los huesos se separen más de la cuenta) y además, aportan una retroalimentación neurológica, es decir, nos informan sobre la posición de la articulación (a través de los propioceptores capsuloligamentosos). Gracias a ello se produce una respuesta que nos protege ante la tensión excesiva, evitando así una posible lesión.
Tras un esguince (o rotura fibrilar o tendinosa), estos mecanismos quedan desorganizados, por lo que perdemos la estabilización refleja de la articulación y esto contribuye a que la lesión se pueda repetir. Por ejemplo, cuando nos hacemos un esguince de tobillo, los ligamentos, cápsula y tendones quedan distendidos. Esta lesión hará que la señal sensorial llegue alterada a nuestro cerebro, y por lo tanto, se enviará una respuesta motora inadecuada, de manera que será más fácil volver a tener un esguince en el futuro.
¿Y cómo trabajamos la propiocepción? Principalmente a través de ejercicios de equilibrio, coordinación y cambios de superficies. Estos ejercicios suelen comenzar de un modo simple, y a medida que vamos obteniendo destreza se van complicando, introduciendo una serie de materiales como pueden ser aros, bancos, balones, plataformas, etc. Se trata de provocar estímulos externos que favorezcan las reacciones musculares reflejas, aumentando la dificultad de manera progresiva.