12/04/2022
TROPEZAR UNA Y OTRA VEZ
CON LA MISMA PIEDRA
“El hombre es el único ser que tropieza dos veces con la misma piedra”, dice una frase que todos hemos escuchado, y hasta dicho, más de una vez en nuestra vida.
Sin embargo:
¿Qué ocurre cuando nos encariñamos tanto con la piedra que terminamos cayendo de nuevo?
¿Qué sucede cuando, aparentemente recuperados de las secuelas de un tropezón, pasan los años y, creyéndonos maduros, volvemos de nuevo al suelo al intentar levantar a alguien que también cayó y necesita nuestra ayuda?
"No me di cuenta”,
“Esta vez es la definitiva”,
“Yo tengo el control de la situación”...
Estás son las excusas más frecuentes que se suelen esgrimir en estos casos.
No nos gusta salir de nuestra zona de confort.
Nos sentimos seguros aunque no seamos felices.
Nos engañamos creyendo haber superado un trauma.
Conocemos a la perfección cada centímetro de nuestra estabilidad y nos refugiamos a la sombra de la piedra que creíamos tener controlada.
Hasta que de nuevo, un día, sin previo aviso, creyendo poseer el control para no sufrir de nuevo lo que casi arruinó nuestra vida en el pasado, sucede que ... ¡Oh sorpresa!, volvemos a caer.
Qué difícil es ser feliz.
Qué contradictorios y paradójicos pueden ser nuestros criterios, nuestras filias, nuestros sentimientos.
Qué fácil es creer gobernar el timón de nuestras vidas cuando de pronto, un simple detalle o una petición de ayuda por parte de alguien a quien creemos y queremos, nos abre los ojos constatando que no teníamos nada más que un parche, una tirita que encubría la realidad y, con el tiempo y la ayuda de una circunstancia inesperada, se despega, cae al suelo y deja al descubierto una herida que nunca llegó a cicatrizar.
"Y yo que creía haberlo superado...", se suele pensar en esas ocasiones.
Y luego, se vuelve a caer en un pozo oscuro del que, maldita suerte, descubrimos que nunca llegamos a salir.