26/02/2026
Vivimos obsesionados con la mejora constante.
Con que se note.
Con que se vea.
Con que impresione.
Pero el progreso real casi nunca es espectacular.
En terapia, muchas veces avanzar es repetir lo mismo durante meses.
Es caer y volver a intentar.
Es tardar más de lo que uno querría en integrar algo que racionalmente ya entiende.
Y desde fuera, eso incomoda.
Porque nos cuesta tolerar los ritmos lentos.
Nos cuesta acompañar procesos que no nos dan gratificación inmediata.
A veces no desmotivamos con malas palabras.
Desmotivamos con impaciencia.
Con comparaciones.
Con silencios que pesan más que una crítica.
El cambio psicológico no responde a la presión. Responde a la seguridad.
Y cuando exigimos velocidad, lo que suele aumentar no es el crecimiento... Es la vergüenza.
Progresar despacio no es un problema.
Lo problemático es no permitir que el proceso tenga su propio ritmo.
En salud mental, lo sostenible siempre es más importante que lo rápido 🤍