13/04/2026
A veces no nos damos cuenta de que no estamos hablando del otro…
estamos hablando desde nuestro propio lugar.
Cuando le decimos a alguien “haz esto”, “deberías cambiar”, “tienes que buscar otra cosa”…
a veces no es una guía, es una proyección.
Es lo que yo me digo a mí, pero no me he atrevido a mirar.
Es lo que me incomoda en mí, pero veo más fácil fuera.
Y entonces aparece algo curioso:
Nos cuesta aceptar del otro aquello que también está en nuestro sistema.
Porque si yo aún no me lo permito, me incomoda verlo en ti.
Pero cuando alguien te habla desde la experiencia vivida, desde la coherencia interna, desde haber transitado el camino…
no desde la exigencia o la lucha, sino desde la integración…
entonces se siente distinto.
No es imposición.
Es presencia.
Y ahí el mensaje no pesa, acompaña.
Puedes compartirlo. Leo tu comentario sobre lo que te ha hecho sentir este fragmento.