26/10/2013
Ocho principios para la introducción del yoga en la escuela
I. Los profesores deberán formarse antes de pretender introducir el yoga en la escuela. Sería ideal que las Facultades de Formación del Profesorado propusieran una formación de este tipo a los futuros enseñantes.
II. La relajación es previa a una atención de calidad. No debería durar más de 5 o 6 minutos. Debería consistir esencialmente en una toma de conciencia sistemática del entorno, del cuerpo y de la respiración, es aconsejable limitar la utilización de imágenes interiores.
III. En los jóvenes en edad escolar, no se deben introducir ni la retención ni la modificación del ritmo respiratorio. La simple toma de conciencia de la respiración conlleva una regularización de las fases respiratorias y en consecuencia, tranquilidad emocional.
IV. Los ejercicios de yoga postural y/o de desarrollo de la atención y de la concentración deben adaptarse al nivel de edad y de comprensión de los alumnos, lo que supone una gran agilidad de observación por parte de los enseñantes.
V. El yoga en la escuela no atiende ni la espiritualidad ni la religión. Actúa para conducir a los protagonistas de la educación a comportamientos más correctos y más adecuados al objetivo final de la escuela, que es el de aprender mejor en un ambiente agradable.
VI. Hacer del silencio un elemento favorable a la relación interpersonal, a la calidad del aprendizaje y al conocimiento de uno mismo.
VII. Aplicar un yoga adaptado a las necesidades de la escuela y no que la escuela se adapte al yoga.
VII. El premio del aprendizaje es adquirir virtud, no conseguir un juguete o cualquier otro regalo.