26/12/2025
En este taller de Constelaciones Familiares apareció un miedo aprendido, heredado, fiel a una historia donde los hombres fueron vividos como amenaza y las mujeres como víctimas.
Cuando en un sistema hubo violencia y muerte, el alma familiar aprende a protegerse.
Y a veces esa protección se convierte en una prisión: dificulta amar, confiar, sentirse libre siendo mujer.
En el movimiento sistémico se vio como los hombres también cargaban un peso.
La dureza, la culpa, la imposibilidad de mostrarse vulnerables.
Victimarios y víctimas unidos por destinos difíciles.
Cuando cada uno pudo ocupar su lugar y ser mirado sin juicio, la Compasión hizo su trabajo silencioso.
La luz unió e incluyó el dolor, cada uno en su destino.
Y cuando lo excluido es incluido, el sistema puede descansar.
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