02/09/2025
Cuando era pequeña, en primaria, me pasaba algo muy curioso: me entraban unas ganas tremendas de ir al baño en lapsos de tiempo muy cortos.
Sentía la urgencia de hacer p*s como si tuviera una infección, pero al llegar apenas salía una gotita.
Eso sólo me ocurría en el colegio y escuchaba el misml juicio "no quiere trabajar, lo hace para escaquearse'
Hoy entiendo que no era un problema de vejiga, sino de nervios.
Mi cuerpo encontraba esa salida cada vez que me sentía insegura, perdida, con miedo a que me sacaran al encerado o a no entender lo que explicaba la profesora.
Ir al baño era mi manera de escapar un instante de esa incomodidad y ocurría sin que yo fuera consciente.
El sentido que tenía aquel síntoma era protegerme.
Mi sistema nervioso hacía lo que sabía: generar una vía de escape, un respiro en medio de un entorno que no siempre se sentía seguro. Además, es una respuesta común en estados de supervivencia o alerta.
Y ahora, como adulta, pienso en cuántos niños y niñas pueden estar viviendo algo parecido y lidiando con la incomprensión aunque con otras formas:
- quedarse en blanco frente a un examen,
- no poder concentrarse porque su atención está secuestrada por el miedo de fondo,
- moverse sin parar en la silla porque su cuerpo no encuentra calma,
- vivir con un n**o constante en la tripa,
- dificultades para socializar y conectar con los demás porque es incompatible con un SN en supervivencia...
El sistema nervioso habla a través del cuerpo, aunque desde fuera parezca déficit de atención, desinterés o desobediencia.
Por eso, hoy, para los que igual que yo sienten que la “vuelta al cole” despierta sensaciones amargas, mi deseo es que podamos mirarnos con compasión y con las lentes del Sistema Nervioso...
Que entendamos que no fue pereza ni incompetencia: fue nuestra biología protegiéndonos.
Y que los niños de ahora tengan la suerte de ser vistos con esa misma mirada. 💛