24/04/2026
Muchas personas son profundamente compasivas con los demás.
Escuchan.
Comprenden.
Sostienen.
Pero cuando se trata de ellas mismas…
aparece la exigencia
la crítica
la dureza
Se invalidan.
Se exigen más.
Se hablan peor.
Como si todo lo que sienten fuera excesivo.
Como si nunca fuera suficiente.
Y esto es algo que veo en consulta como psicóloga con mucha frecuencia: personas amables con todo el mundo, pero muy duras consigo mismas. Personas que jamás hablarían así a alguien que quieren… pero sí se lo dicen a diario en su cabeza.
Sin darse cuenta, viven en una relación interna mucho más hostil de lo que permitirían en cualquier otra relación.
La pregunta no es solo cómo tratas a los demás.
Es cómo te estás tratando a ti.
Porque la forma en la que te hablas… también es una forma de cuidado (o de maltrato).
💡 Un ejemplo cotidiano:
Cometes un error y te dices:
“Soy un desastre.”
En lugar de:
“Me he equivocado. ¿Qué necesito aprender de esto?”
No se trata de excusarte.
Se trata de corregirte sin destruirte.
👉 Cómo empezar a cambiar tu diálogo interno sin sentir que te engañas
No hace falta pasar de la crítica al “todo es maravilloso”.
Empieza por hablarte de una forma más realista y justa.
En vez de:
“Todo lo hago fatal”
Prueba con:
“Esto no salió como quería, pero no define todo lo que soy.”
No es autoengaño.
Es salir del maltrato interno.
💬 ¿Te has hablado así alguna vez?
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