22/04/2026
Las redes del engaño.
En redes sociales, ya no sabemos qué contar.
Como generadores de contenido y a la vez consumidores, creo que es una reflexión necesaria: qué es lo que compartimos y para qué, y qué es lo que consumimos.
Hoy, todo se basa en exponerse. Uno cuenta toda su vida: los días felices, los días tristes, lo que compra, lo que siente, con quien se junta etc. Uno se graba llorando o gritando.
Y ya no regalamos esas noticias vulnerables a los amigo/as especiales, que son los que de verdad cuentan, en un entorno más privado y seguro.
Las llamo las redes del engaño porque es un engaño pensar que nos acercaremos más a los otros a través de las redes. Para mí son solo un escaparate, luego cada uno elige entrar o no en la tienda. Pero lo que aguarda esa tienda solo podrás verlo y sentirlo con tus propios ojos. Es una invitación. No todo se debe y se puede mostrar y enseñar en redes (al menos en el yoga y creo que también en los demás aspectos de la vida).
¿Por qué entonces estoy en redes? Porque creo que es el lugar perfecto para compartir reflexiones (y no mi vida privada o si me siento triste o alegre, que eso lo dejo para un encuentro de tú a tú, o de una llamada cuando estamos lejos).
Comparto mi visión del yoga, pero obviamente siendo consciente que no todo se puede explicar o experimentar en redes.
Y una de esas reflexiones que me viene rondando también es qué uso darle a esto. Porque no me guío por lo que me pueda contar un algoritmo de si tengo que grabarme haciendo posturas semi desnudo y bronceado. Me guío por lo que siento.
Cuando tengo algo que contar, lo cuento. Cuando no, me callo (en redes).