08/03/2026
Con la llegada del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, la mirada se vuelve inevitablemente hacia nuestras calles. El callejero de nuestra Villa no es solo un conjunto de direcciones; es el reflejo de lo que una sociedad decide honrar. Sin embargo, en Portugalete, ese mapa cuenta una historia incompleta y profundamente masculinizada.
Mientras paseamos por calles dedicadas a santos, árboles o montes, conquistadores, o artistas sin ninguna relación jarrillera, la presencia femenina es un rastro casi invisible. La historia de nuestra nomenclatura ha priorizado a personajes militares, marinos, religiosos o políticos. ¿Dónde están las mujeres que construyeron Portugalete?
Si analizamos los nombres propios femeninos que han logrado romper el muro del olvido, detectamos un patrón limitante. Al margen de la fundadora, María Díaz de Haro, el acceso de la mujer al callejero ha estado condicionado casi exclusivamente a la beneficencia: A principios de siglo XX, Casilda Iturrizar y Sotera de la Mier, durante el franquismo, María Vallejo y Carmen Gandarias y ya en la democracia, al final del siglo XX, Filomena Trocóniz y Fernanda de Carranza.
Incluso bajo gobiernos republicanos, la sensibilidad feminista fue inexistente en este ámbito. No fue hasta 1993, con el nombramiento de Fernanda de Carranza, cuando el Ayuntamiento reconoció explícitamente no solo su labor benefactora, sino su papel como la primera mujer concejala. Aquello se planteó como un "pequeño homenaje" a las mujeres en la política, pero tres décadas después, el avance sigue siendo insuficiente.
Reivindicar el nombre de las mujeres en nuestras placas no es un capricho decorativo; es un acto de justicia histórica. Portugalete debe dejar de ser un mapa de ausencias femeninas para convertirse en un reflejo fiel de su ciudadanía.
(Texto de Mareometro Portugalete)