17/04/2026
Haridwar es un lugar muy especial por muchas, muchas razones. Su nombre significa “la puerta de Hari”, uno de los grandes umbrales sagrados de India, es un lugar liminal donde es difícil no sentirse diferente.
Una de mis historias favoritas, según la tradición se sitúa en esta ciudad: el sacrificio de Dakṣa y la muerte de Satī, hecho que marca el inicio de una transformación que atraviesa todas las historias sobre Śiva, es cierto que parece que el tiempo allí se haya parado.
Visitamos el templo de Vīrabhadra, nacido precisamente de esa historia, paseamos dentro de Gayatri Kunj, un espacio dedicado al estudio, la práctica y la transmisión de la espiritualidad ligada al mantra Gāyatrī, silencioso y acogedor.
Y de repente, en una atmósfera casi opuesta, el templo de Mansa Devī, la diosa que observa la ciudad desde lo alto de la colina. Ella es la diosa que “nace del pensamiento” (manas), los deseos, las intenciones y aquello que una piensa por dentro.
Hay algo sencillo pero muy humano en la idea de que lo que se piensa, también tiene un lugar en el mundo, y puede ser ofrecido. Y eso es lo que yo hice. Eso es, lo que hicimos todas ese día.
Sin duda, lo más especial fue ese baño en el Ganges, que nunca he podido describir, por una sensación extraña pero ligera de sentir que ya no eres tú, si no parte del lugar donde estás. Es difícil en sus aguas, distinguir dónde termina lo que ves y lo que experimentas, es como suspenderse en una transición.
En nuestro viaje de Agosto, volvemos a este lugar. Para que no tenga que volver a deciros que no tengo palabras.