27/12/2021
CUANDO SE APAGA LA LUZ Por Andrés B. Padilla Coach Personal y Ejecutivo
Vimos en una época donde el éxito muchas veces se convierte en el único fin que mueve nuestras acciones. Nuestra tolerancia al fracaso, ya sea propia o de otros se ha reducido a su mínima expresión. Por eso cuando alguien quiere destacar recurre a profesionales que le ayuden a conseguir el máximo potencial, ya sea en el deporte, las artes, o cualquier otra disciplina o actividad. Esos entrenadores o coach se sirven de un gran número de técnicas para conseguir los máximo de sus alumnos, y cuando lo consiguen esas personas se suelen acomodar en el éxito. Sube su nivel de vida, su popularidad y con ella el ego innato de todo ser humano. El entrenamiento y la formación siempre se enfocan en el camino para conseguir el éxito, y para mantenerse en la cresta de la ola pero no ayudan en la desescalada ineludible que con el tiempo cada deportista, actor, cantante etc., tiene que afrontar.
¿Qué pasa cuando la realidad se impone, y llega la bajada de esa ola? Cuando la edad, las tendencias del mercado, las lesiones o cualquier otra circunstancia hace que perdamos ese estilo de vida
El éxito tiene dos vertientes una es la más anhelada por todos lo que lo buscan, la fama, el reconocimiento, la atención de la prensa y sentirse un ídolo entre sus fans, junto con la libertad que unos ingresos económicos muy elevados provoca en nuestro cerebro una liberación de endorfinas y otras sustancias que nos provocan mucho placer y una errónea percepción de infalibilidad, cuanto más reconocimiento público se obtiene, cuanto más grande es nuestro grupo de fans ese sentimiento de que somos infalibles crece exponencialmente. Esa sin duda es la vertiente más difícil de ver, porque es puramente emocional. La segunda vertiente, es que el ser humano tiende a querer vivir al nivel de sus ingresos o por encima. –Lógicamente hay muchas excepciones, persona que controlan sus gastos e invierten parte de lo ganado de manera coherente y eficaz, pero la mayoría no actúa así.- Cuando una persona pierde su estatus económico, sin el correcto asesoramiento, puede encontrarse con un muro de frustración que se suma a la vertiente emocional, amplificándola a niveles peligrosos para la estabilidad y desarrollo emocional del individuo, no tener recursos para sostener el nivel de vida elevado provoca unas carencias materiales vienen acompañadas de un sentimiento de fracaso, abandono y desesperación aumentado por la pérdida de popularidad, cuando esto sucede el nivel siguiente es la llegada de la depresión.
No son nuevas las noticias de personas que un día tuvieron un éxito muy reconocible y aplaudido, y cuando se apagan las luces de su éxito acaban tomando la decisión de poner fin a su vida.
¿Qué falla en ésta sociedad para que sucedan episodios así? ¿Es que no hay una salida? Yo creo que sí la hay, he titulado este articulo “CUANDO SE APAGA LA LUZ” porque pienso que cuando sucede esto, cuando el éxito se desvanece, la diferencia de impacto en el individuo, a depender de cómo fue su formación para llegar a ese éxito.
Estoy convencido que un 80% de responsabilidad recae en el entrenador y/o coach, ya que como profesionales asumimos la responsabilidad de ayudar a alguien a desarrollar su capacidades, y les empujamos hacia el camino del esfuerzo y la dedicación para obtener el éxito, también tenemos que darles las herramientas necesarias tanto materiales como emocionales para asumir que un día ese éxito puede desaparecer y su estatus de popularidad y economía van a cambiar.
Los entrenadores y/o coach tenemos que preocuparnos de una preparación global para que los impactos emocionales y materiales de los cambios que ciertamente se van a producir sean lo menos dañinos posibles. Es nuestra responsabilidad decirle a las personas que formamos e impulsamos, que esos cambios llegaran, aunque ellos no quieran oírlo, porque sabemos de manera irrefutable que los deportistas y en especial los de elite tienen una edad en la que ya los entrenadores y directivos no cuentan con ellos, que la mayoría de los cantantes, artistas, actores pueden ser desplazados cuando alcanzan una edad, ya sea por las tendencias del mercado o por las nuevas generaciones que ofrecen otras alternativas de hacer y transmitir el arte, como sabemos también, que los altos ejecutivos de la mayoría de las empresas llegara un día en que decidirán sustituirlos por personal más joven con un coste económico para las empresas mucho menor.
Todo esto lo sabemos, y es nuestra obligación ética y profesional dotar a las personas con las que trabajamos de las herramientas necesarias tanto para llegar a desarrollar al máximo sus capacidades, como para obtener aquellas habilidades que necesiten, incluidas las que les permitan aceptar, asumir y programar que un día las luces de su éxito se apagaran, y deben saber cómo continuar con una vida plena y que les aporte satisfacción y no frustración, alegrías y no depresión, autoestima alta y no sentimiento de fracaso.
Cada muerte prematura ya sea por suicidio o abandono personal de aquellas personas que un día tuvieron el reconocimiento público y social junto con el éxito económico, supone un fracaso para aquellos que le formaron y acompañaron para llegar a lo más alto.
Es una responsabilidad y compromiso que tienen que comenzar a asumir todos los entrenadores, coach, federaciones, clubes deportivos y asociaciones de artistas, para facilitar a estas personas aquellas herramientas que les ayude en la transición que si o si todos van experimentar, y no caigamos en la falsa creencia que podemos hacerlo cuando ya se han apagado las luces, porque para entonces el daño ya estará echo, y los soluciones serán más difíciles o inalcanzables, hay que asumir el compromiso de formarles tanto para obtener el éxito y mantenerlo, como para enseñarles la realidad de que se acabará y ayudarles a obtener las capacidades y habilidades sociales, emocionales y materiales para vivir con ese declive ineludible que va asociado con la obtención del éxito y el reconocimiento social.