03/12/2025
Hoy no celebramos la discapacidad: reivindicamos la dignidad, la igualdad y la participación plena de todas las personas.
Hoy no hablamos por nadie: hablamos con quienes históricamente han sido ignorados, invisibilizados y excluidos.
La verdadera inclusión no es un gesto ni una foto simbólica. Es un compromiso cotidiano, tangible y transformador. Es reconocer que la diversidad en cuerpos, mentes y formas de vivir es parte natural de la condición humana.
Exigimos:
1. Accesibilidad real, no solo en teoría
Rampas que conecten, señalética que informe, tecnologías que permitan participar, comunicación adaptada, entornos comprensibles y servicios públicos que funcionen para todas las personas.
2. Educación inclusiva desde la raíz
Escuelas donde nadie sea “un caso especial”, donde los apoyos estén garantizados y la diferencia nunca sea causa de segregación.
3. Trabajo digno y oportunidades efectivas
La inclusión laboral no se mide por porcentajes de contratación, sino por proyectos, responsabilidades, crecimiento y valoración del talento.
4. Políticas públicas con participación directa
Nada sobre nosotros sin nosotros.
Las decisiones deben ser tomadas con la presencia y liderazgo de personas con discapacidad en cada mesa, comité y acto de gobierno.
5. Cambio cultural y de lenguaje
La inclusión empieza en la forma de mirar.
Rechacemos el paternalismo, el heroísmo forzado y la lástima disfrazada de solidaridad.
Hablemos con respeto, escuchemos sin asumir, aprendamos sin miedo a equivocarnos.
6. Derechos, no favores
La accesibilidad no es un regalo.
La adaptación no es un “gesto bonito”.
La inclusión es un derecho, respaldado por leyes, tratados internacionales y valores humanos.