18/02/2026
VETE
Compañero médico. Compañera enfermera:
Coge la maleta y vete. Lárgate pronto de aquí. Agarra tu fonendo, tu inglés, tu alemán, tu portugués, tu inigualable expediente académico, tu carísima formación… y vete. Sube a tu mujer o a tu marido en el avión y llévatelo contigo. Coge a tu hija, o a tu hijo, y busca lejanas tierras para él: otro colegio, otro idioma, otras gentes. Y no olvides al perro, a tus libros, a tus fotos… Pero deja la bata colgada en el consultorio donde te han amenazado, en el hospital donde te han grabado con el móvil, donde te han insultado, donde te han pegado, donde te han toreado los pacientes y tus jefes, donde te han humillado, donde te han quitado la razón y la autoridad cuando indudablemente la tenías, donde te han perseguido por los pasillos buscando Tranquimazín o metadona, donde te han reventado a guardias sin pagarte siquiera la comida.
Vete, médico y enfermera joven. No aguardes más. Esto no tiene remedio. Te lo dice uno que sabe, uno que observa, uno que conoce, uno que estuvo en el pastel. Te lo dicen 39 años de deterioro sanitario galopante.
Vete, médico y enfermera joven. No mires atrás. Olvida a los miles de políticos españoles que, acaso con el graduado escolar como mérito académico, te gobiernan, te mangonean, te explotan, te insultan y ganan mejor salario que tú.
Vete, médico y enfermera joven. Olvida los malos modos que siguieron a los hipócritas aplausos durante la pandemia de COVID. Olvida los móviles que suenan mientras drenas un absceso, el insolente tuteo de las adolescentes para exigir una receta, la altanería con que te obligan a dar una baja que no quieres dar, o una derivación que no procede, o la metadona que no corresponde, o un fármaco que no se necesita.
Vete. Olvida las reclamaciones que te han puesto por acumular retraso en la consulta (a quién se le ocurre entretenerse con los pacientes más de los seis minutos que te dan). Olvida las reclamaciones por las inmorales listas de espera a los especialistas (como si tú tuvieses la culpa). Olvida las reclamaciones por haber distinguido la emergencia de la urgencia, y la urgencia de la prisa, y la prisa de la poca vergüenza.
Vete. Olvida el comentario cómplice que jamás admitiría la sociedad ante una mujer maltratada, pero que sí lo admite contigo: .
Vete. Olvida el comentario hipócrita de la conjunción adversativa: .
Vete, médico y enfermera joven. Aléjate de los millones de derechos que tienen los pacientes y de los millones de deberes que tienes tú. Aléjate de los gestores que responden en tu contra, sistemáticamente, las puñeteras hojas de reclamaciones; de esos hijos de p**a que han convertido la asistencia en un in****no de papeleo, de objetivos a cumplir, de burocracia, de ordenadores que fallan, de sustitutos que no llegan, de botones antipánico escondidos bajo las mesas, de agresores reincidentes a los que no hay manera de expulsar.
Vete, médico huelguista. Déjate ya de huelgas que sólo consiguen incrementar la enemistad de la gente con los médicos, no con los políticos; la inquina de la sociedad porque tus padres te pudieron pagar una carrera con el sudor de su frente; el desprecio de la sociedad porque fuiste número uno en el instituto, y luego en la universidad, y luego en las Oposiciones; el desprecio y la envidia cochina porque ganas como MIR 35.000 euros brutos anuales, un sueldo que no te mereces.
Vete, médico huelguista. Déjate ya de huelgas para intentar que no te revienten con 24 horas seguidas de guardia en la puerta del hospital o en el quirófano: un número de horas inadmisible para un conductor de autobús, para un camionero, para un maquinista de tren, para un minero, pero aceptable para quien, a las seis de la madrugada, agotado y somnoliento, tiene que suturar el corazón de un niño gravemente accidentado.
Vete, médico huelguista. Déjate ya de huelgas que sólo consiguen que el público se ría de tus problemas, que te digan a la cara que eres un privilegiado, que robas al erario público porque trabajas legalmente también en la privada, que has de aguantar las p**adas de tus jefes por la simple vocación, porque te lo has buscado, porque para eso hiciste Medicina.
Vete. Deja que los políticos se coman con patatas el marronazo que tienen. Deja que pongan en tu puesto de médico a las enfermeras; y en el lugar de las enfermeras, a los celadores; y en el lugar de los celadores, a los taxistas que aparcan en la puerta del hospital. Deja que pongan en tu lugar a sanitarios procedentes de Gambia, de Corea del Norte, de Senegal, de Afganistán. Deja que convaliden sus títulos sin MIR o sin especialidad, y que sean estos nuevos compañeros quienes nos diagnostiquen, nos cuiden y nos operen en condiciones esclavas.
Vete ya, pordióbendito. Deja que la lista de espera de enfermería se ponga en cinco semanas; la del médico de cabecera, en cinco meses; la del otorrino, en cinco años; y la lista para operarse, en diez. Deja que, para hacerse un lavado de oído o tratarse una apendicitis, quienes ahora te culpan a ti del desastre sanitario (en lugar de a los políticos) tengan que sacar su tarjeta de crédito en lugar de la tarjeta sanitaria.
Pero tú, vete. No te lo pienses más. La vocación no paga la luz, ni el agua, ni la hipoteca de tu casa, ni los disgustos diarios, ni te devuelve la salud, ni compensa los desprecios.
Vete. Haz lo que ya han hecho decenas de miles de médicos y decenas de miles de enfermeras españolas. Haz lo que este año, y los siguientes, harán muchísimos miles más.
Vete, y mándanos a todos a la mi**da. A mí, el primero.
Que nos jodan.
Firmado:
Juan Manuel Jimenez Muñoz.
Escritor en activo y médico jubilado del Servicio Andaluz de Salud.