26/01/2026
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No siempre el hambre nace de lo físico.
Hay diferentes emociones que pueden generarnos esas sensaciones de hambre: ganas de comer para calmar estrés, ansiedad, aburrimiento o tristeza.
Suele aparecer de repente, pide alimentos específicos (generalmente dulces o ultraprocesados) y no se va fácilmente, incluso después de comer.
El hambre física, en cambio, llega de forma gradual. Cualquier alimento puede satisfacerla, se acompaña de señales corporales (ruidos en el estómago, cansancio, falta de concentración) y desaparece cuando el cuerpo recibe lo que necesita.
Aprender a escucharnos ayuda a diferenciarlas.
Si es hambre física, comer es la respuesta.
Si es hambre emocional, quizá el cuerpo está pidiendo otra cosa: descanso, contención, movimiento, hablar con alguien o simplemente una pausa.
Conectar con estas señales nos ayuda a construir una relación más consciente y amable con la comida… y con nosotros mismos. 💛