13/11/2025
QUÉ OCURRE EN EL CEREBRO DURANTE UNA EXPLOSIÓN DE IRA:
1. Dominio del sistema límbico (cerebro emocional).
• En una explosión de ira o crisis, se activa intensamente la amígdala, una estructura del sistema límbico encargada de detectar amenazas y generar respuestas emocionales intensas (miedo, ira, frustración).
• En ese momento, el cerebro entra en “modo supervivencia”: el niño no puede razonar ni controlar sus impulsos; su prioridad biológica es defenderse o escapar.
• Esta reacción se denomina a veces “secuestro amigdalino”.
2. Desconexión temporal de la corteza prefrontal
• La corteza prefrontal, responsable de la regulación emocional, el control de impulsos y el razonamiento, se desconecta funcionalmente cuando la amígdala toma el control.
• En niños con TEA o TDAH, esta desconexión ocurre más rápido y se recupera más lentamente, debido a diferencias en el desarrollo y la conectividad neuronal.
3. Factores específicos según el diagnóstico:
En el TEA:
• Mayor hiperreactividad sensorial (ruidos, luces, contacto físico, cambios inesperados).
• Dificultades para identificar, expresar y regular emociones.
• Limitada comprensión del contexto social: pueden interpretar mal intenciones o no entender por qué se les exige algo.
• La crisis puede surgir ante sobrecarga sensorial o emocional y no como un acto “intencional”.
En el TDAH:
• Disminución del autocontrol y de la inhibición conductual por menor activación dopaminérgica y noradrenérgica en la corteza prefrontal.
• Elevada impulsividad emocional: sienten la emoción de forma muy intensa y la expresan sin filtro.
• Dificultad para pausar y utilizar estrategias de autorregulación antes de actuar o hablar.
PAUTAS PARA PADRES Y CUIDADORES DURANTE UNA EXPLOSIÓN:
1. Mantén la calma y regula tu propio estado.
• El cerebro del niño “se sincroniza” con el del adulto. Si el adulto se altera, el niño percibe más amenaza.
• Respira profundo, baja el tono de voz, habla lento y con frases cortas.
2. Seguridad primero.
• Asegura que el entorno sea seguro: retira objetos peligrosos y evita sujetar al niño salvo que haya riesgo físico.
• Si necesita espacio, permite que se aparte unos minutos en un lugar tranquilo.
3. Evita razonar en medio de la crisis.
• Cuando la amígdala está activa, el lenguaje racional no llega al niño.
• No des sermones ni castigues en ese momento. Espera a que esté calmado para hablar.
4. Usa apoyos visuales y predictibilidad (especialmente en TEA).
• Un pictograma o gesto que indique “tranquilo”, “respiro”, o “tiempo fuera” puede ayudar más que palabras.
• Mantén rutinas y anticipa los cambios (“En 5 minutos apagamos la tele”).
5. Nombrar y validar la emoción.
• Una vez calmado, ayuda al niño a poner palabras a lo que sintió:
“Veo que estabas muy enfadado porque se terminó el juego. Es difícil parar cuando te diviertes.”
• Esto fortalece la conexión entre emoción y lenguaje, favoreciendo la autorregulación futura.
6. Enseñar estrategias de regulación.
• Practicar en momentos tranquilos: respiraciones profundas, contar hasta 10, usar un objeto sensorial o rincón de calma.
• Reforzar con elogios cuando el niño logra autorregularse, aunque sea parcialmente.
7. Después de la crisis: reparar y reconectar.
• No es necesario hablar mucho, pero sí reconectar emocionalmente: un abrazo, una frase de seguridad (“Te quiero, aunque te hayas enfadado”).
• Esto refuerza la seguridad afectiva y evita culpa o vergüenza excesiva.
EN RESUMEN:
Durante una explosión de ira:
• El niño no elige su reacción: su cerebro está dominado por la emoción, no por la razón.
• La autorregulación se construye gradualmente y necesita co-regulación: un adulto tranquilo que sirva de modelo.
• Entender el proceso neurobiológico ayuda a responder con empatía y eficacia, no con castigo.
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