18/12/2025
Para.
Respira.
El mundo corre, pero tu alma no nació para la prisa.
Los grandes yoguis no nos enseñaron a huir del mundo, sino a habitarlo con el corazón despierto. Patanjali nos recordó que el yoga es el arte de aquietar las fluctuaciones de la mente para poder percibir la realidad tal como es, sin filtros ni distorsiones. En ese silencio nacen los instantes de dicha… no como euforia pasajera, sino como una paz que no depende de nada externo.
El verdadero santuario no está en los templos ni en las posturas perfectas, sino en la presencia íntima de quien se observa con honestidad. La brújula del corazón, como enseñaba el Bhagavad Gītā, se afina cuando actuamos sin apego al resultado, cuando damos sin esperar, cuando servimos sin perder nuestra esencia.
Tener el valor de parar no es debilidad… es tapas, disciplina consciente. Reparar(se) es svādhyāya, autoestudio sincero. Y avanzar con coherencia es īśvara praṇidhāna, confiar y entregarse a algo más grande que el ego.
El mundo va deprisa, pero el alma necesita raíces. Continúa caminando, sí… pero no olvides por qué caminas. Busca la libertad del ser, no la validación externa. Cuida tu energía, ofrece tu amor con discernimiento y firmeza.
Acepta la fragilidad de quienes te rodean. Los sabios siempre supieron que la vulnerabilidad no se corrige, se honra. Nunca se invade, jamás se rompe… se sostiene con compasión.
Ayuda a otros a realizar sus sueños, porque el yoga no se mide por la flexibilidad del cuerpo, sino por la amplitud del corazón. Fallaremos, porque somos humanos… pero no desistir también es práctica. Todo acto nacido desde el corazón consciente, alineado con el dharma, nunca es en vano. Puede no ser cómodo… pero siempre es verdadero.
Que tu vida sea tu enseñanza 🙏🏻
Que tu presencia sea tu legado…🤍