29/04/2026
EL TRAUMA DEL EXCESO
Siempre que escuchamos hablar de traumas de infancia, lo primero que se nos viene a la cabeza son abandonos, abusos y carencias. Pocas veces pensamos que el trauma también puede ser por exceso: por hiperprotección, por exceso de mimos, cuidados, regalos o facilidades. Y tal vez sea precisamente este modelo educacional, que tampoco es elegido, el que deja más mutilada a la persona.
El adulto que fue sobreprotegido tiene sus alas cortadas: no sabe enfrentarse al mundo, no es capaz por sí mismo de proveerse cuidados y tampoco es capaz de procurarse relaciones de reciprocidad. Es capaz de dar y de amar, pero puede inundar al otro con algo que el otro ni quiere ni puede aceptar. Avanza por la vida esperando una gratificación inmediata y que se le den las cosas hechas. Se torna dependiente y disfuncional.
En verdad, una forma segura de destrozarle la vida a un hijo es darle todo hecho y más. Para colmo, lo conviertes en alguien odioso en su entorno: el resto de la familia lo repudia y, en general, se le considera un cero a la izquierda. Puede ser que sobreviva en ese modo durante todas sus edades, pero lo más frecuente, si el consentido tiene cierta inteligencia emocional, es que en algún momento, tras darse de bruces con la realidad, tendrá que empezar a construirse, a desarrollar habilidades, a postergar, a frustrarse, a complicarse y a tomar las riendas de su vida. Un renglón apenas en el que no cabe ni por asomo el titánico trabajo que esto supone.