Mercedes Lage Psicología Clínica

Mercedes Lage Psicología Clínica Reflexiones de una psicóloga en Santiago


Consulta inscrita en el Registro de Centros Sanitarios de Galicia nº C-15.003414

14/03/2026

COSAS QUE PASAN EN CONSULTA

Hace unos días una paciente me dijo que una cosa que dije y el tono en el que la dije, le había dolido. Le reconocí que comprendía que le hubiera molestado, pero que obedecía a mi forma de comunicarme habitual y al objetivo terapéutico. Al final, ambas decidimos buscar otros profesionales con los que, por su personalidad, encaje y conecte mejor. Cero dramas. Y me quedé con la gran sensación de crear ese renombrado lugar seguro donde cada uno puede expresarse sin temor. Los dos. No podría sostener la ingente cantidad de casos que trabajo si no me validara y permitiera ser yo misma. Puedo ser demasiado directa, o brusca, o recurrir demasiado al humor. Lo sé. Pero quiero poder ser yo misma y expresarme como soy. Cualquier fingimiento por mi parte, cualquier impostura y comedimiento que reprima mi verdad es una gran traición a ti y a tu inteligencia, una falta de respeto, una grieta insalvable en la confianza que quiero inspirar, esa que valoro más, mucho más, que la conexión.

08/03/2026

Me saltó hoy en google, lo he contado muchas veces, es de Jorge Bucay

EL VERDADERO VALOR DEL ANILLO

Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada.Todos me dicen que soy una calamidad, que no sirvo para nada, que no hago nada bien, que soy bastante tonto…¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?

El maestro, sin mirarle, le dijo:

—Cuánto lo siento, pequeño saltamontes. No puedo ayudarte ahora, porque debo resolver primero mi propio problema.Pero si quisieras ayudarme tú a mí, podría resolverlo más rápido y, tal vez después, ayudarte.

—Encantado… —titubeó el muchacho, aunque una vez más sintió que volvía a ser desvalorizado y que sus necesidades quedaban postergadas.

—Bien —asintió el maestro.

Se quitó un anillo que llevaba en el dedo meñique izquierdo y, dándoselo al chico, añadió:

—Toma el caballo que está ahí fuera y cabalga hasta el mercado. Debes vender este anillo y tratar de obtener por él la mayor suma posible. Pero nunca aceptes menos de una moneda de oro. Ve y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.

El joven tomó el anillo y partió.Apenas llegó al mercado, empezó a ofrecérselo a los mercaderes. Estos lo miraban con cierto interés… hasta que él decía el precio que pretendía por el anillo.

Cuando mencionaba la moneda de oro, unos se reían, otros se daban media vuelta…Hasta que un viejito le explicó que una moneda de oro era demasiado valiosa para entregarla a cambio de aquel anillo.

Después de ofrecer la joya a más de cien personas, abatido por su fracaso, montó de nuevo en el caballo y regresó.

Entró en la habitación y dijo:

—Maestro, lo siento… No pude conseguir lo que me pediste. Tal vez podría obtener dos o tres monedas de plata, pero no creo que pueda engañar a nadie sobre el verdadero valor del anillo.

—¡Qué importante lo que acabas de decir, pequeño saltamontes! —respondió el maestro sonriendo—.Primero debemos conocer el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y ve al joyero. ¿Quién mejor que él para saberlo? Dile que quieres vender el anillo y pregúntale cuánto daría por él. Pero, hagas lo que hagas, no se lo vendas. Regresa aquí con el anillo.

El joven volvió a cabalgar.

El joyero examinó el anillo. Lo miró con lupa, lo pesó y luego dijo:

—Dile a tu maestro que, si quiere venderlo ahora, no puedo darle más de 58 monedas de oro.

—¿¡58 monedas!? —exclamó el joven.

—Sí —respondió el joyero—. Sé que con tiempo podríamos obtener hasta 70, pero no si la venta es urgente.

El joven corrió emocionado a casa del maestro para contarle lo sucedido.

—Siéntate —dijo el maestro, después de escucharlo—.Tú eres como este anillo: una joya valiosa y única. Y, como tal, solo puede evaluarte verdaderamente un experto.

¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?

Y, diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo meñique de su mano izquierda.

El dinero rara vez es solo dinero. La relación con el dinero suele ser un reflejo bastante fiel del mundo interno.La tac...
08/02/2026

El dinero rara vez es solo dinero. La relación con el dinero suele ser un reflejo bastante fiel del mundo interno.

La tacañería y la generosidad no son simples rasgos de carácter: son estrategias emocionales aprendidas. Desde fuera, la tacañería se interpreta como egoísmo o mezquindad. Desde dentro, casi siempre es miedo.

El tacaño suele estar internamente empobrecido.
El generoso sano suele sentirse internamente suficiente.

Desde la psicología sabemos que el dinero suele funcionar como un símbolo: puede representar seguridad, control, valor personal o protección frente al miedo. Cuando cumple estas funciones emocionales, compartirlo se vive como una amenaza.

Muchas personas tacañas, incluso con grandes patrimonios, viven desde una mentalidad de escasez. Internamente sienten que nunca es suficiente, temen perder lo que tienen y necesitan controlar. Detrás suele haber historias tempranas de carencia, pérdidas o vínculos inseguros. El ahorro extremo se convierte entonces en una forma de autoprotección.

Por el contrario, muchas personas con pocos recursos muestran una gran capacidad de dar. No porque les sobre, sino porque su mundo interno es más confiado. Para ellas, el dinero es una herramienta, no una identidad. Dar significa vincularse, cuidar, pertenecer.

La diferencia no está en el saldo bancario, sino en el tipo de apego, la seguridad emocional y la relación con el otro.

La tacañería nace del miedo.
La generosidad nace de la seguridad interna.

El dinero solo amplifica lo que ya existe dentro.

EL CUIDADOR QUEMADOAunque hablemos de todo o de mucho, sólo de lo vivido podemos hablar con buen juicio, ese que no juzg...
12/01/2026

EL CUIDADOR QUEMADO
Aunque hablemos de todo o de mucho, sólo de lo vivido podemos hablar con buen juicio, ese que no juzga porque tampoco ve la necesidad y comprende la complejidad de la experiencia.
Cuidar a nuestros mayores es muy duro. Como todo, no es algo plano de una vez por todas. Es un camino sinuoso lleno de incidencias y con emociones encontradas. Estamos intentando disfrutar y sostener el vínculo con quien posiblemente no esté nada contento con esa etapa de su vida. Esto ya de por si transmite congoja y se absorbe esa energía cenital. Y por supuesto, hay mil cosas que atender, cuidados, medicamentos, ejercicios, dieta, distracción, cariños y mientras , seguir con nuestra vida, frenética, a un ritmo muy distinto del mayor al que cuidamos.
Nos cansamos y nos desesperamos y nos sentimos tristes y nos sentimos culpables, y nos quemamos.
Pues a ese escenario ponle ahora que viene un primo, un familiar ausente, o cualquier espabilado a decirnos que cuidamos mal o que debemos hacer esto o debimos hacer aquello.
A removernos todo por dentro. Pero vienen desde esa distancia y comodidad a ponernos el alma en ascuas.
Así, de la nada, y por la cara. Eso abrasa al cuidador quemado.
No puedo cambiar al mundo ni tanto desatino pero sí pedir un poco de prudencia al que habla y mucha sabiduría y serenidad al que se ve obligado a escuchar.

VIVIR CON DOLOREstamos tan habituados a las pantallas que se nos olvida la realidad de muchas personas que viven diariam...
07/01/2026

VIVIR CON DOLOR

Estamos tan habituados a las pantallas que se nos olvida la realidad de muchas personas que viven diariamente con dolor, físico y/o psíquico, condicionándolo todo. Cancelar planes a última hora, rechazar trabajos, restringir actividades… sufrir dolor crónico diario es vivir a intervalos, jugando al despiste.

Uno puede tener más o menos trazado su mapa de dolor, saber cuál es el más habitual, pero siempre puede sorprenderse por una frecuencia inusual —incluso dentro del mismo día— o por picos de intensidad insoportable. Uno se prepara de buena mañana su arsenal de remedios: masajes, cojines de calor, parches, medicamentos y todo aquello que irá administrándose para poder seguir con la vida.

Pero la vida del doliente crónico es un trozo azul entre las nubes. Nadie como él conoce la desesperación, pero también sabe aprovechar la vida cuando no duele: el respiro cuando esa alarma se apaga y uno ha aprendido a aceptar el dolor como parte de su día a día.

Aceptar vivir con dolor es una heroicidad psicológica que conquistan a diario millones de personas. Requiere una gran dosis de humildad y de inteligencia: ir rebajando expectativas y acomodándose a lo que se pueda, mientras se pueda; con una graciosa amnesia autoprovocada del dolor, dejarlo ahí fuera cuando no se siente y seguir tan campante.

El dolor físico, todo ese circuito eléctrico que se activa ante un estímulo interno o externo y va transmitiéndose, modulándose e interpretándose, es un paredón entre uno mismo y el mundo. Saber darle su lugar —pero solo su lugar— es un arte.

El dolor emocional también existe. No solo el sufrimiento, sino el dolor real. El rechazo social, el duelo, la vergüenza o el abandono activan circuitos del dolor de forma superponible al dolor físico. Por eso expresiones como “me duele el alma” no son poéticas: son neurobiológicamente exactas.

Todo dolor es real, aunque su origen no sea una lesión. El sufrimiento psíquico no “imagina” el dolor: lo produce.

Sepamos del dolor de los demás y, sobre todo, de quienes no lo utilizan como eximente y viven en plenitud a pesar de él, sobreponiéndose.

17/12/2025

(Fiel a mi tradición, os deseo felices fiestas con el poema que me acompaña siempre)

DESIDERATA
Anda plácidamente entre el ruido y la prisa
y recuerda que paz que puede haber en el silencio.
Vive en buenos términos con todas las personas
todo lo que puedas, sin rendirte.
Di tu verdad tranquila y claramente,
escucha a los demás, incluso al aburrido y al ignorante;
ellos también tienen su historia.
Evita a las personas ruidosas y agresivas,
sin vejaciones al espíritu.
Si te comparas con otros puedes volverte vanidoso y amargo;
porque siempre habrá personas más grandes, y más pequeñas que tú.
Disfruta de tus logros así como de tus planes.
Mantén el interés en tu propia carrera, aunque sea humilde,
es una verdadera posesión en las cambiantes fortunas del tiempo.
Usa la precaución en tus negocios, porque el mundo está lleno de trampas.
Pero no por eso te niegues a la virtud que pueda existir.
Mucha gente lucha por altos ideales
y en todas partes la vida está llena de heroísmo.
¡Sé tú mismo!, especialmente no finjas afectos
tampoco seas cínico respecto del amor
porque frente a toda aridez y desencanto
el amor es perenne como la hierba.
Recoge mansamente el consejo de los años,
renunciando graciosamente a las cosas de juventud.
Nutre tu fuerza espiritual para que te proteja en la desgracia repentina
pero no te angusties con fantasías.
Muchos temores nacen de la fatiga y la soledad;
junto con una sana disciplina, sé amable contigo mismo.
Tú eres una criatura del Universo,
no menos que los árboles y las estrellas;
tú tienes derecho a estar aquí
y te resulte evidente o no
sin duda el universo se desenvuelve como debe.
Por lo tanto, manténte en paz con Dios
de cualquier modo que lo concibas
y cualesquiera sean tus trabajos y aspiraciones,
mantén en la ruidosa confusión, paz con tu alma
con todas sus farsas y sueños rotos
éste sigue siendo un mundo hermoso.
Ten cuidado...
Esfuérzate en ser feliz.

11/12/2025

INVENTAR LA ESPERANZA
“La esperanza le pertenece a la vida, es la vida misma defendiéndose.” (Julio Cortázar)
Desde la Psicología Positiva, no se estudia solamente el malestar y los trastornos de la personalidad, también sus fortalezas. La esperanza es una de ellas precisamente porque albergarla dentro de uno no siempre es tan fácil como se acostumbra a pensar. No siempre es lo último que se pierde, ni late con nosotros hasta el fin. Con frecuencia, hay que construirla contra toda esperanza, desde la desesperación, con un horizonte en el que no vemos por ningún lado la consecución de nuestros objetivos, metas, deseos y necesidades. La esperanza tiene mucho que ver con el sentido de control que tenemos acerca de las cosas. El célebre concepto de “locus de control”, la consideración de si está en nuestras manos hacer algo para mejorar nuestra situación o si por el contrario percibimos que las circunstancias se escapan a nuestro control y hemos de aceptar vivir con un sentimiento de impotencia. No sólo es pensar hacia dónde va el mundo que conocimos, no sólo es pensar en todos los seres humanos que buscan un lugar en que poder vivir. No pienso sólo en Viktor Frankl, gran psicólogo, inventor de la logoterapia, quién pasó parte de su vida en un campo de concentración y defendía que siempre es posible dentro de uno mismo darle significado y sentido a lo que se vive. Pienso más que en ningún otro, en las personas que sienten su vida acabarse, en los que están solos y sufren y no ven que su horror vaya a acabar nunca. En intentar mil veces una cosa y no conseguirla. En la vida sin alicientes. Para mi, la esperanza es un deber ético. Un valor y una disposición del ánimo que intento incluir en mi trabajo, dar lo que se tiene, compartirlo. No siempre es fácil, ya lo he dicho. Hay que ser bien creativo, alcanzar incluso el delirio (metafóricamente hablando) abrir la mente, buscar nuevos apoyos cognitivos, reestructurar la realidad. Si no es por aquí, a ver si por allá, pero siempre intentar inventar la esperanza, porque cuando esta no es posible, soñar es necesario.

¿ES LA EDAD … O ES MI MEMORIA? ENVEJECER SIN MIEDO A PERDER LA CABEZALlega un día —normalmente después de los 50— en el ...
10/12/2025

¿ES LA EDAD … O ES MI MEMORIA? ENVEJECER SIN MIEDO A PERDER LA CABEZA

Llega un día —normalmente después de los 50— en el que entramos a una habitación y olvidamos para qué. O buscamos las gafas mientras las llevamos puestas. Y entonces aparece el pensamiento automático:
“¿Y si esto es demencia?”

Respira. En la mayoría de los casos, no lo es.

El envejecimiento cerebral normal existe, y se parece más a una conexión lenta de internet que a un apagón total. Es normal tardar más en encontrar palabras, necesitar repetir nombres nuevos, perder algo de rapidez mental o notar que la atención se dispersa. El cerebro sigue funcionando… pero con un ritmo más pausado.

La demencia, en cambio, va mucho más allá: no son despistes aislados, sino problemas persistentes que interfieren en la vida diaria. Dificultad para seguir conversaciones, desorientación en lugares conocidos, pérdida notable de autonomía, cambios marcados de personalidad o incapacidad para manejar tareas habituales como pagos o medicación. Y lo más importante: progresa, no se queda estable.

La gran confusión viene porque ansiedad, estrés, depresión y falta de sueño pueden simular problemas de memoria mucho más dramáticos de lo que realmente son. A menudo no falla la memoria: falla la atención. Y sin atención… no hay recuerdo posible.

El miedo a “estar perdiendo la cabeza” es casi universal en la madurez, pero merece una mirada más amable:
el cerebro no se estropea con los años, se transforma. Pierde algo de velocidad, sí, pero gana en comprensión profunda, regulación emocional y visión global. No somos menos inteligentes: somos mentalmente más económicos.

Vivir la tercera edad con salud mental implica cambiar el objetivo: ya no es ir rápido, es vivir con presencia. Dormir bien, moverse a diario, mantener vínculos sociales, ejercitar la mente sin obsesión (leer, aprender algo nuevo, jugar, conversar) y cuidar la salud emocional son auténticos protectores cerebrales.

Y quizá la píldora más importante:
envejecer no es perder la cabeza, es cambiar de ritmo. Mientras haya curiosidad, vínculo y sentido, el cerebro no se jubila.

Porque la verdadera demencia no es olvidar dónde dejamos las llaves…
es olvidar seguir viviendo con ilusión.

COMPARARSECompararse con los demás es una de las formas más seguras de amargarnos la vida. Compararnos nos descentra, no...
20/11/2025

COMPARARSE
Compararse con los demás es una de las formas más seguras de amargarnos la vida. Compararnos nos descentra, nos desubica, pone nuestra vida en medidas y parámetros ajenos y es un ejercicio supremo de superficialidad. Nadie que sepa bien de qué va la vida se presta a ese juego. Nos comparamos siempre con una imagen o con una idea de cómo creemos que les va a los demás, pero, en realidad, no sabemos nada de nadie, y cualquier vida examinada al detalle tiene sus problemas.
De acuerdo, esto somos capaces de verlo, pero esos problemas nos parecen insignificantes. Nos lo parecen porque no somos nosotros los que los padecemos.
Nos comparamos porque queremos ganar, ser el más, el más guapo o rico o célebre o todo eso junto. Comparándonos asumimos que la vida es una competición y esa es una forma insana de vivirla.

El problema es que, cuando entramos en ese juego, siempre perdemos. Aunque “ganemos”, perdemos. Porque la comparación nunca se hace desde un lugar limpio: se hace desde la inseguridad, desde el miedo a no valer lo suficiente o desde esa pequeña voz que nos susurra que deberíamos ser más de lo que somos. Esa voz jamás queda satisfecha. Si subes un peldaño, te pedirá otro. Si lo consigues todo, te pedirá que lo mantengas. Nunca se calla.

Compararse, en el fondo, es una forma de abandonar la propia vida. Mientras miramos la del otro, dejamos de habitar la nuestra. Y lo más triste es que, en ese proceso, dejamos de ver lo que sí funciona, lo que sí tenemos, lo que sí somos. Vivimos con un inventario mental de carencias que crece cuanto más miramos fuera.

El verdadero punto de inflexión aparece cuando entendemos que nuestra única referencia válida somos nosotros mismos: cómo estábamos ayer, qué necesitamos hoy, hacia dónde queremos movernos mañana. Nada más. Nadie más. Todo lo demás es ruido.

CÓMO DAR FEEDBACK SIN DESARROLLAR RESISTENCIASe nos acusa injustamente a los psicólogos de decir lo que nuestro consulta...
18/11/2025

CÓMO DAR FEEDBACK SIN DESARROLLAR RESISTENCIA
Se nos acusa injustamente a los psicólogos de decir lo que nuestro consultante quiere oír. No es cierto. Decimos las cosas que pueden molestar desde un lugar que la persona percibe como cooperación y no como corrección, confrontación o enjuiciamiento. Ni desde el ego. Y esto todos los percibimos claramente. Y por supuesto, no se trata de añadir la muletilla “te lo digo por tu bien” o “con todo mi respeto” a una crítica, oposición o reclamo. Más bien se trata de entender qué es lo que activa la resistencia, y esta no surge tanto de lo que decimos como de la naturaleza de la relación. Tenemos que estar seguros de realmente querer ayudar. Y hablar desde la observación, no de la interpretación. Describir conductas observables, sin etiquetar. Ejemplo: “He notado que a veces llegas 10 minutos tarde, esto nos da menos tiempo para cerrar bien la sesión” . No atacar.
Los psicólogos señalamos cosas que no están funcionando pero siempre desde la empatía y el respeto, damos tiempo para la respuesta. Expresamos nuestros sentimientos en primera persona, por ejemplo, “Me siento un poco desconectada si la conversación se centra mucho en los problemas sin buscar alternativas juntas”, no decimos “haces esto mal” sino que explicamos cómo lo estamos experimentando y ayudamos a que el consultante se aplique este modo de comunicar en su vida.
No se trata de tener razón, ni de ganar, y se habla desde la seguridad de un tono no moralizante. Sin acritud, sin reproche, este modo de tratarse no es monopolio del terapeuta, la comunicación asertiva es la clave de un apego seguro y maduro.
Y está al alcance de todos.

POR QUÉ ME CUESTA HACER LAS COSAS QUE QUIEROA veces sabemos perfectamente lo que queremos hacer, pero no conseguimos pon...
11/11/2025

POR QUÉ ME CUESTA HACER LAS COSAS QUE QUIERO

A veces sabemos perfectamente lo que queremos hacer, pero no conseguimos ponernos en
marcha. Sentimos que falta energía, foco o constancia. Esta dificultad, muy común, tiene que ver con nuestras funciones ejecutivas y también con el mundo emocional que las sostiene.
Las funciones ejecutivas son los procesos mentales que dirigen la acción. Son el 'director de orquesta' del cerebro.
Cuando se alteran, la persona puede decir: 'sé lo que tengo que hacer, pero no me sale'.
Esto puede deberse a varias causas:
La ansiedad o el perfeccionismo, bloquean la corteza prefrontal. Si el
cuerpo está en modo defensa, no consigue arrancar.
El estrés crónico y multitarea reducen la capacidad de concentración.
Depresión: la falta de dopamina y energía disminuye la motivación.
Pensamiento rumiativo, cuanto más se piensa en lo que hay que hacer, más se paraliza la acción. Querer hacerlo todo perfecto impide empezar.
Determinados tipos de personalidad, como las personas del espectro autista, tienen muchas dificultades para pasar a la acción.
Y las personas vagas o perezosas. Y las que eligen deliberamente la inacción y prefieren contemplar y pensar la vida a hacer cosas. Y no tienen, en consecuencia, ningún problema.

Para los que sí quieren realmente hacer algunas cosas y no lo consiguen es útil dividir tareas grandes en micro-pasos.
^Reducir la exigencia inicial: hacer algo imperfecto pero hecho libera energía.
^Identificar el obstáculo emocional: miedo, aburrimiento o vergüenza pueden estar detrás de
la parálisis.
^Crear apoyos externos
^Y sobre todo conectar acción y sentido: vincular lo que haces con un valor personal.
Las dificultades en la eficiencia ejecutiva suelen reflejar un bloqueo emocional, una sobrecarga o un desajuste en la autorregulación.
La terapia puede ayudar a reconstruir la conexión entre lo que sé, lo que quiero y lo que hago, pasando del
autocastigo a la comprensión del propio ritmo.
A veces, la acción no nace de empujarnos más, sino de tratarnos con menos dureza. Y sabiendo diferenciar cuando queremos hacer algo y no lo hacemos a cuando , sencillamente, no queremos hacer nada. Y ninguna opción merece que nos hablemos mal.

Dirección

Orfas 34-2ºE
Santiago De Compostela
15703

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Lunes 10:00 - 19:30
Martes 10:00 - 19:30
Miércoles 10:00 - 19:30
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