08/03/2026
Me saltó hoy en google, lo he contado muchas veces, es de Jorge Bucay
EL VERDADERO VALOR DEL ANILLO
Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada.Todos me dicen que soy una calamidad, que no sirvo para nada, que no hago nada bien, que soy bastante tonto…¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?
El maestro, sin mirarle, le dijo:
—Cuánto lo siento, pequeño saltamontes. No puedo ayudarte ahora, porque debo resolver primero mi propio problema.Pero si quisieras ayudarme tú a mí, podría resolverlo más rápido y, tal vez después, ayudarte.
—Encantado… —titubeó el muchacho, aunque una vez más sintió que volvía a ser desvalorizado y que sus necesidades quedaban postergadas.
—Bien —asintió el maestro.
Se quitó un anillo que llevaba en el dedo meñique izquierdo y, dándoselo al chico, añadió:
—Toma el caballo que está ahí fuera y cabalga hasta el mercado. Debes vender este anillo y tratar de obtener por él la mayor suma posible. Pero nunca aceptes menos de una moneda de oro. Ve y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.
El joven tomó el anillo y partió.Apenas llegó al mercado, empezó a ofrecérselo a los mercaderes. Estos lo miraban con cierto interés… hasta que él decía el precio que pretendía por el anillo.
Cuando mencionaba la moneda de oro, unos se reían, otros se daban media vuelta…Hasta que un viejito le explicó que una moneda de oro era demasiado valiosa para entregarla a cambio de aquel anillo.
Después de ofrecer la joya a más de cien personas, abatido por su fracaso, montó de nuevo en el caballo y regresó.
Entró en la habitación y dijo:
—Maestro, lo siento… No pude conseguir lo que me pediste. Tal vez podría obtener dos o tres monedas de plata, pero no creo que pueda engañar a nadie sobre el verdadero valor del anillo.
—¡Qué importante lo que acabas de decir, pequeño saltamontes! —respondió el maestro sonriendo—.Primero debemos conocer el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y ve al joyero. ¿Quién mejor que él para saberlo? Dile que quieres vender el anillo y pregúntale cuánto daría por él. Pero, hagas lo que hagas, no se lo vendas. Regresa aquí con el anillo.
El joven volvió a cabalgar.
El joyero examinó el anillo. Lo miró con lupa, lo pesó y luego dijo:
—Dile a tu maestro que, si quiere venderlo ahora, no puedo darle más de 58 monedas de oro.
—¿¡58 monedas!? —exclamó el joven.
—Sí —respondió el joyero—. Sé que con tiempo podríamos obtener hasta 70, pero no si la venta es urgente.
El joven corrió emocionado a casa del maestro para contarle lo sucedido.
—Siéntate —dijo el maestro, después de escucharlo—.Tú eres como este anillo: una joya valiosa y única. Y, como tal, solo puede evaluarte verdaderamente un experto.
¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?
Y, diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo meñique de su mano izquierda.