14/02/2026
Hace años yo también pensaba que “todos los omega 3 son iguales”.
Hasta que empecé a pedir a los proveedores del herbolario estudios… y entendí que no, no todos juegan en la misma liga.
Mi bebé tiene 9 meses y disfruta comiendo sardinas.
El DHA es un componente estructural del cerebro y de la retina. En los primeros años de vida, el desarrollo neuronal depende en gran parte de la disponibilidad de este ácido graso.
Por eso elegimos pescado azul pequeño 🐟
Porque los peces grandes acumulan mercurio por bioacumulación. Y cuando hablamos de neurodesarrollo, la carga de metales pesados importa.
Y después estoy yo.
Vivimos en un entorno de inflamación crónica, estrés oxidativo y alta demanda cognitiva. El EPA y el DHA no son “solo para el colesterol”. Son lípidos estructurales de nuestras membranas celulares y moduladores clave de la inflamación.
Pero aquí viene lo importante:
El omega 3 es extremadamente sensible a la oxidación.�Un aceite mal procesado o mal conservado puede generar compuestos proinflamatorios.
Y si no existe un proceso de purificación riguroso, el riesgo de contaminantes marinos es real.
Por eso tengo una regla clara:
Si no es alta calidad, no lo tomo.
En casa tomamos un omega 3 de microalgas (la fuente original de la que se alimentan los peces), en forma de triglicéridos, con alta biodisponibilidad y estabilidad mejorada.
Y además, una formulación que va más allá del omega 3 convencional:
- Ubiquinol (forma activa de CoQ10, con sólida evidencia clínica en función cardiovascular y energía mitocondrial).
- Vitamina D3 de origen vegetal.
- Astaxantina, antioxidante liposoluble con capacidad de atravesar la barrera hematoencefálica.
- Luteína y zeaxantina para protección ocular.
No es “un omega 3 más”.
Es una decisión informada.