07/04/2026
La relación con mi cuerpo nunca ha sido fácil.
Durante mucho tiempo lo odié,
lo castigué
y lo rechacé.
Empezó en una adolescencia complicada,
con ansiedad
y con mucho complejo
por no ser como las demás.
Todo se traducía en la necesidad de encajar,
de ser vista.
La ansiedad y el miedo me llevaron también a un pánico enorme a tragar, y empecé a evitar la comida a toda costa.
Perdí muchísimo peso.
Hubo mucho sufrimiento.
A base de terapia y medicación conseguí salir.
Y aunque la relación con la comida mejoró, eso pensaba,
apareció otra forma de control:
contar calorías,
hacer ejercicio en exceso,
compensar constantemente.
Un control que, de alguna forma, todavía aparece a veces.
Desde fuera podía parecer cuidado y atención.
Desde dentro, era exigencia y castigo.
Ahora no me reconozco en el espejo.
Y aunque todo esto viene de lejos… hoy lo siento diferente.
Miro mi cuerpo y siento un profundo respeto.
Por todo lo que ha cambiado,
por dar vida,
por alimentar,
por sostener.
Entiendo que no necesita parecerse a nadie.
Ni más castigo.
Necesita ser escuchado.
Necesita ser amado.
Y aunque no siempre me siento cómoda con lo que veo,
ya no estoy en guerra con él.
Volver al cuerpo desde el cuerpo, no desde la mente.
Dar espacio a lo que hay ahora.
El yoga me sigue ayudando cada día a ello.
En un espacio donde todo esto también cabe.
Si alguna vez te has sentido en guerra con tu cuerpo,
te abrazo y te agradezco también por estar aquí.
🦋