16/04/2026
CUANDO LA PERSONA NO QUIERE CAMBIAR (AUNQUE DIGA QUE SÍ)
En consulta y en la vida diaria aparece un patrón claro: la persona pide ayuda, pero no quiere cambiar.
Eric Berne lo llamó: “sí, pero no…”.
Responde a cada solución con una objeción.
Ejemplo:
— “Podrías hablar con calma con tu pareja”.
— “Sí, pero no, porque se molesta”.
— “Entonces escríbele lo que sientes”.
— “Sí, pero no, porque no le gusta leer”.
— “Ve a terapia”.
— “Sí, pero no, porque no tengo dinero”.
No busca soluciones. Busca confirmar su problema, con excusas, algunas bastante brillantes.
En terapia estratégica esto se conoce como “mover la portería”. Resuelves una excusa y aparece otra, incluso cambiando la situación.
Ejemplo:
— “Sal a caminar”.
— “Hace frío”.
— “Te doy un abrigo”.
— “El frío entra por la nariz”.
— “Tengo una buena chalina”.
— “Me asfixian esas prendas”.
— “¿Y cómo saliste la semana pasada?”.
— “Pero me enfermé, y ahora me doy cuenta de que deseas enfermarme porque no me quieres y nunca me quisiste”.
El problema cambia de forma para no desaparecer.
El espíritu encarnado:
Se apega al sufrimiento conocido.
Teme el cambio.
Protege su orgullo: “yo no estoy mal” "tengo razón"
En El libro de los espíritus, ítem 971, se describe a los espíritus imperfectos, especialmente a los endurecidos:
Sufren profundamente.
No tienen alivio moral.
Buscan aliviar su dolor haciendo sufrir a otros.
Su dolor aumenta cuando no logran causar daño.
Algunas personas presentan influencia espiritual afín:
Espíritus que refuerzan la queja, la duda o el miedo que la persona ya tiene.
Porque, en el fondo, esa persona:
No quiere perder su identidad de víctima, que le da estatus e importancia.
Evita la responsabilidad.
Controla a los demás a través del problema:
“No salgas, me duele la cabeza”,
“No enciendas la luz”, me duele la cabeza
“No te rías…”me duele la cabeza
Con su dolor, real o imaginario, controla su entorno y se permite incluso agredir.
Cómo actuar:
No discutir.
No insistir en soluciones.
Cortar el juego con calma: “No buscas solución, buscas confirmar el problema”.
No dar opiniones, aunque las pida. Estas personas piensan: “¿De que conversamos hoy, para oponerme?”.
Pedirle acciones concretas, no opiniones.
Si comienza el juego, retirarse.
Clave final:
Quien quiere cambiar, actúa.
Quien no, siempre tendrá un “sí, pero…”.
El trabajo espiritual empieza cuando la persona deja de justificarse.
Cuando alguien reconoce este patrón en sí o en su entorno, deja de discutir y decide trabajar en serio, ahí sí hay avance. En ese punto, consulta con un(a) expert@, no lo podrás hacer sol@, nadie es juez y acusado a la vez y tu, marca la diferencia.....