Centro de Psicólogos en el corazón de Madrid. Dedicados a la psicología clínica de adultos, niños y a
02/02/2026
Nunca se está preparado para decir adiós porque el vínculo no entiende de finales.
Porque los vínculos no se construyen para terminar, se construyen para permanecer.
Nuestro sistema emocional aprende la presencia del otro como algo estable, cotidiano, incorporado al cuerpo. No hay un mecanismo interno que nos entrene para la ausencia definitiva de alguien a quien hemos amado.
Aunque la mente pueda anticipar la pérdida, el vínculo no funciona desde la lógica, sino desde la experiencia compartida: los gestos, las rutinas, la voz, el lugar que esa persona ocupa en nuestra vida. Y eso no se desactiva porque llegue un final biológico.
Por eso la despedida descoloca tanto. No duele solo lo que se va, duele todo lo que sigue vivo dentro y ya no tiene dónde dirigirse. El amor no se apaga al mismo ritmo que el cuerpo, y el vínculo necesita tiempo para transformarse, no para desaparecer.
Decir adiós no es cerrar una historia, es aprender a relacionarnos de otra forma con alguien que sigue existiendo en nosotros, aunque ya no esté.
29/01/2026
Hoy mantuve una conversación con alguien muy importante para mí.
Me decía que llevaba un tiempo reflexionando sobre una frase:
“Lo más importante en la vida es el amor.”
Y me quedé pensando en ello después. Y aún sigo…
El amor que damos.
El amor que recibimos.
El amor que sentimos.
No hablo solo del amor romántico.
Hablo del AMOR que sostiene, que acompaña, que abraza, que escucha, que perdona, que mira con ternura incluso cuando duele.
De una familia, de unos amigos, de alguien que te permite amar.
Porque a veces vivimos deprisa,
como si todo fuese eterno,
como si siempre hubiese un mañana garantizado.
Y se nos olvida que la vida es un préstamo diario,
un regalo que se renueva cada mañana sin avisar cuánto durará.
El amor, en cualquier forma, es capaz de dar sentido a esta vida efímera.
A una vida que damos por sentada,
que olvidamos que es finita,
que nos regala un nuevo día… y otro… y otro.
Quizá no se trate de hacerlo todo perfecto,
sino de estar,
de mirar,
de decir “te quiero” cuando aún podemos,
de no posponer los abrazos,
de no aplazar la ternura.
Porque al final,
cuando miramos hacia dentro,
lo que realmente permanece
es el amor que dimos
y el que nos permitimos recibir.
Gracias por los aprendizajes incluso en los momentos más grises.
27/01/2026
Una persona me dijo esto en consulta hace poco y, mientras lo decía, se le llenaron los ojos de lágrimas. “Siempre bajo la voz para no molestar, siempre pido menos para no ser una carga, siempre me adapto para no incomodar… y aun así siento que nunca es suficiente.” Había aprendido, sin darse cuenta, que para que no la dejaran tenía que hacerse más pequeña, que para pertenecer tenía que encogerse, que para que la quisieran tenía que desaparecer un poco. ¿Te suena?
Porque muchísima gente vive así. No por amor, sino por miedo. Miedo a perder el vínculo, miedo a quedarse sola, miedo a no ser suficiente tal como es. Desde fuera parece “es que soy muy sensible”, “es que yo me adapto mucho”, “es que prefiero callarme para no generar conflicto”, pero por dentro hay un sistema nervioso en modo supervivencia, priorizando pertenecer aunque sea a costa de apagarte.
Y al principio funciona. Pero con los años pasa factura: ansiedad, tensión constante, cansancio emocional, tristeza rara, sensación de no encajar nunca del todo. Lo más potente que dijo fue esto: “Me he dado cuenta de que no me quedo por amor, me quedo por miedo.” Y ahí empieza algo distinto, cuando dejas de preguntarte “¿cómo hago para que no me rechacen?” y empiezas a preguntarte “¿por qué tengo que hacerme pequeña para que me quieran?”
Ya no me quedo donde me tengo que hacer pequeñita para caber. No es egoísmo, es autorrespeto, es regulación del sistema nervioso, es dejar de sobrevivir en vínculos y empezar a habitarte en ellos.
¿Te has hecho pequeña alguna vez para no perder a alguien? Si te resuena, guarda este post y vuelve a él cuando dudes de tu valor en un vínculo.
22/01/2026
Cuando estamos en un contexto de incertidumbre, el cerebro no lo vive como algo neutro, lo interpreta como una posible amenaza. A nivel neurobiológico, la incertidumbre activa los circuitos de alarma del sistema nervioso: amígdala, eje del estrés, respuestas de lucha/huida. Es decir, tu cuerpo entra en modo “algo malo podría pasar y no sé cuándo ni cómo”. Y en ese estado, el control no es un rasgo de personalidad, es una estrategia de regulación.
Intentar prever, ordenar, planificar, cerrar opciones o tener todo bajo control es la forma que tiene tu sistema nervioso de intentar recuperar una sensación mínima de seguridad y predictibilidad. Por eso no es casual que cuanto más incierto se vuelve el entorno, más rígidas se vuelven nuestras conductas de control.
El problema es que aquí se genera un bucle muy perverso: cuanto más intento controlar, más atención pongo en todo lo que no controlo, más inseguridad percibo y más necesidad siento de controlar. Y así, sin darnos cuenta, el control deja de ser un recurso puntual y se convierte en una prisión emocional. A corto plazo alivia, pero a largo plazo aumenta la ansiedad y la hipervigilancia, porque tu sistema nervioso aprende algo muy peligroso: “solo estoy a salvo cuando todo está bajo control”. Y como la vida nunca está del todo bajo control, la sensación de amenaza se vuelve crónica.
Te voy a dar una recomendación hoy: no intentes soltar el control de golpe, eso solo dispara más alarma. Empieza por introducir incertidumbres pequeñas y seguras para enseñarle a tu sistema nervioso que no todo lo imprevisible es peligroso. Por ejemplo, no planificarlo todo, no responder inmediatamente, dejar algo abierto sin cerrarlo mentalmente. No es perder el control, es ampliar tu ventana de tolerancia a la incertidumbre y romper, poco a poco, ese bucle de control–inseguridad–control.
19/01/2026
Llevo mucho tiempo pensando en la frase que te he escrito en la imagen.
Nos han enseñado a asociar crecer con aceptar.
A aprovechar todo lo que llega.
A no decir que no “por si acaso”.
A estar disponibles, agradecidos, productivos, valientes.
Y muchas veces no decimos que sí por deseo,
sino por miedo.
Miedo a perder algo.
Miedo a decepcionar.
Miedo a quedarnos atrás.
Miedo a que, si ponemos un límite, se caiga una oportunidad que no volverá.
Eso es lo que yo llamo la trampa de las oportunidades.
Desde la psicología, esto no habla de ambición.
Habla de un sistema nervioso en modo supervivencia:
hiperalerta, hipervigilante, intentando no perder nada importante.
El problema es que el cuerpo sí paga la factura.
Cada “sí” que no nace de un deseo real,
sino de la culpa o del miedo,
es una pequeña traición interna.
Y eso, sostenido en el tiempo, se traduce en:
cansancio crónico,
ansiedad,
irritabilidad,
sensación de no llegar a todo,
desconexión contigo,
y una vida que por fuera parece llena… pero por dentro se siente vacía.
Porque no todo lo que parece una oportunidad lo es.
Y no todo lo que suma por fuera, suma por dentro.
Te voy a dar una recomendación hoy:
antes de decir que sí, pregúntate:
esto me expande o me contrae?
lo hago por deseo o por miedo?
me acerca a la vida que quiero o me aleja de mí?
A veces el acto más valiente
no es aprovechar una oportunidad.
Es dejarla pasar. Porque las oportunidades siempre se aprovechan. Si no eres tú será otro. Y es perfecto.
16/01/2026
Lo siento, pero no tengo tiempo para cosas sin alma. 🤷🏻♀️
Gran parte del día funcionamos en automático.
Y esto no es algo negativo en sí: el cerebro lo hace para ahorrar energía.
Gracias a ese “piloto automático” podemos trabajar, organizarnos, cumplir, sostener rutinas.
El problema aparece cuando todo se vive desde ahí.
Cuando pasamos horas en situaciones, relaciones o dinámicas que no nos aportan nada, el cuerpo lo nota.
Cansancio constante, apatía, irritabilidad, sensación de vacío o de estar “apagados”.
No es falta de ganas ni de motivación: muchas veces es desgaste emocional.
Por eso llega un momento en el que necesitamos empezar a elegir mejor:
a qué decimos que sí, a qué decimos que no,
dónde ponemos nuestra energía y con quién.
No se trata de vivir siempre motivados ni de huir de las obligaciones.
Se trata de compensar.
De que no todo sea exigencia, prisa o vacío.
Te voy a dar una recomendación hoy:
hazte esta pregunta de vez en cuando:
¿esto me da energía… o me la quita?
Escuchar esa respuesta es una forma muy básica (y muy poderosa) de cuidado psicológico.
15/01/2026
“Nuestra historia emocional está escrita en el lenguaje de nuestras respuestas fisiológicas.
La clave está en aprender a leerlas, comprenderlas y ofrecerles una nueva narrativa donde el cuerpo ya no tenga que sostener el peso del pasado.”
Extracto de mi libro Habita tu piel
Hay historias que no se recuerdan con palabras.
Se recuerdan con el cuerpo.
En cómo respiras.
En cómo te tensas.
En cómo te aceleras o te apagas sin entender del todo por qué.
A veces no necesitamos forzarnos más, ni entenderlo todo con la cabeza.
A veces lo que necesitamos es aprender a escuchar al cuerpo y acompañarlo para que deje de vivir anclado al pasado.
Ana León. Psicóloga general sanitaria , especialista en trauma y regulación del sistema nervioso
Si sientes que necesitas iniciar un proceso terapéutico,
puedes escribirme y valoramos juntas cómo acompañarte.
13/01/2026
A veces el silencio no es distancia. Es refugio. Es intentar no romperte más.
“Aunque desde fuera parezca que me alejo, por dentro estoy haciendo lo que puedo para sostenerme un día más.”
La depresión no siempre grita. Muchas veces solo pide pausa, cuidado y menos juicio.
Hoy, que se nombra la lucha, ojalá también aprendamos a mirar con más ternura lo que no se ve.
Si hoy estás ahí, resistiendo en silencio, no estás fallando. Estás sobreviviendo.
A ti, que tanto te duele y no te entiendes, te abrazo fuerte fuerte fuerte
12/01/2026
Hace un tiempo escribí este texto.
En su momento ayudó a muchas personas.
No porque describiera todas las experiencias de embarazo, sino porque puso palabras a algo que casi no se dice.
Es verdad que hay mujeres que viven el embarazo con calma, ilusión y disfrute.
Y también es verdad que muchas otras, aunque sea solo en algún momento, comparten uno (o varios) de estos pensamientos.
A veces no es rechazo.
A veces es miedo.
En mi caso, después de haber vivido cuatro pérdidas gestacionales, necesité parar.
Sanar.
Recuperarme.
No fue hasta hace aproximadamente un año que pude volver a colocarme en un lugar desde el que acompañar procesos perinatales.
No porque no supiera hacerlo, sino porque necesitaba estar primero yo bien.
Hoy, la realidad es otra.
Me siento en un momento profundamente bonito.
He recuperado la ilusión por acompañar, como hice durante mucho tiempo, a mujeres en estos procesos tan delicados y tan humanos.
Porque cuando has pasado por una pérdida, el embarazo no siempre se vive como “algo maravilloso”, aunque desde fuera lo parezca.
Muchas veces aparece ese pensamiento incómodo, incluso culpable:
no quiero estar embarazada… lo que quiero es tener a mi bebé.
Y esto no invalida el amor.
No invalida el deseo.
No invalida a la madre.
De hecho, es algo que puede atravesar a cualquier mujer embarazada, haya o no haya vivido pérdidas previas.
Como sé que en su momento esta reflexión tuvo un efecto muy positivo, hoy me animo a volver a compartirla.
Con respeto.
Con cuidado.
Y con la intención de seguir abriendo espacios donde no tengamos que maquillar lo que sentimos.
Me encantaría leeros.
Saber cómo os resuena.
Si os sentís identificadas o no.
Si lo habéis vivido (o lo estáis viviendo) en vuestro propio camino hacia la maternidad.
Aquí se puede decir.
09/01/2026
Yo no sé tú, pero yo aspiro a que mi mente sea capaz de que aunque arda el mundo en llamas yo me meta en mi burbujita feliz 🤭
Sé el primero en enterarse y déjanos enviarle un correo electrónico cuando En Madrid Psicólogos publique noticias y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin, y puede darse de baja en cualquier momento.
Somos psicólogos con amplia formación y experiencia profesional en psicología clínica. Nuestro centro abrió sus puertas en 2007 y desde ese momento la labor que hemos desempeñado ha ido aumentando.
Al igual que en otras profesiones, en la psicología existen diferentes corrientes que tratan de resolver el problema por el que acude el paciente de diferente forma. Seguramente has podido oír hablar alguna vez del psicoanálisis, terapia cognitivo-conductual, terapia gestalt, constructivismo, terapia centrada en la persona, terapia focalizada en la emoción, terapia humanista, terapia sistémica… diferentes términos para diferenciar los distintos tipos de terapia.
Las técnicas que se aplican en nuestro centro han sido contrastadas empíricamente y mostrado su evidencia, es decir, están basadas en estudios científicos que demuestran su validez y fiabilidad y aprobadas por la Asociación de Psiquiatría Americana y la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Nuestra forma de trabajo ha ido creciendo a lo largo de estos años. Trabajamos de forma integrativa, esto quiere decir que hemos ido integrando diferentes técnicas, estrategias y formas de trabajo que han logrado que nuestras terapias sean un éxito. Nuestra base se fundamentó originariamente en la terapia cognitivo-conductual (aquella que trabaja sobre nuestros pensamientos y comportamientos inadecuados) aunque, con los años y nuestra experiencia clínica y la cantidad de avances que se están dando en este mundo tan apasionante, hemos comprobado que era absolutamente necesario incorporar otras técnicas centradas en el aquí y el ahora, la gestión y manejo de nuestras emociones, la expresión corporal, la integración y procesamiento cerebral, etc., y esto ha logrado que el avance y mantenimiento de los logros aumente.
Las técnicas que utilizamos provienen tanto de la terapia cognitivo- conductual, humanismo, la terapia corporal, la terapia focalizada en la emoción, la psicología positiva, mindfulness, técnicas de integración cerebral ( T.I.C.®: Técnicas de Integración Cerebral.Anteojos hemisféricos® y Un Ojo por Vez®., Método SHEC, EFT…), entre otras, que ha ido enriqueciendo nuestra forma de trabajo y resultados.
Los tratamientos son absolutamente personalizados pero siempre teniendo en cuenta las técnicas adecuadas y específicas para el problema concreto por el que acude la persona.